lunes, 11 de febrero de 2008

Entre el amor del amor y la muerte.


Al brillo en los ojos de Maria Marta.


Cuando digo la verdad cundo en un tambaleo prolongado. La magia de un rayo verde marihuana que escupió el sol me permitió ver esa verdad obscena. La conclusión es pesada por la alianza que entrelaza a la visión y el futuro idealizado. El suponer de esta historia es simple en su contar pero por el contrario y gracias a Dios difícil de racionalizar.
Imaginemos una pareja. El, segunda mujer y segundo hijo. Ella, primer hombre y primera hija. El, sin primera mujer, muerte en la ruta. El, se salvó por la curva y el hijo de ambos desde luego. Ella, la otra, murió en la cuarta operación. Sin duelo aparece la segunda mujer y tras parto por cesaría la tercera, pero niña. Viendo foto de living, familia tipo. Aunque el viudo con nuevas mujeres y un niño que sin conocer a su verdadera madre, llama de tal forma a la pareja del padre. Lo mismo con su hermanita.
Vajilla imperfecta estrolada por algún rincón en pelea costumbrista. Niños que lloran. Niños encerrados en baños. Música desafiante para frenar o esconder desafinados gritos. Todos los días crisis. El, que se escapa todas las noches. Pensamos en cabaret, aunque son cines o pizzas a la parrilla. Ella, teléfono y amiga incondicional que si o si impone sus condiciones. En la puerta de la esquina la separación. Los bienes no eran imprescindibles si se resolvían de la manera que jamás ocurre. La separación no es la muerte del amor. Por lo contrario la muerte es lo que nosotros creemos esencial al mismo. Lo que se hace bien intencionado complota para que no sea más bien. Malo es el primer beso, la alianza, la boda, la familia, el no afrontar el duelo, la primavera o el día de los enamorados. Todo esto cuando se lo analiza, después, lamentablemente.
Separados y mal. Ni el auto, ni la casa, ni el conejo y menos las fiestas eran preponderantes. Paulatinamente a volver a eso que era vivir. El momento de criar es una pausa en el tiempo. Infinita. Justamente aquí es donde me interesa explayarme. Todos y a partir de nuestros propios juicios buscamos el no padecer. El vivir eternamente y acompañados por el amor. En esta crucial aventura diría por el mal llamado amor verdadero. Ese que no hay que regar, regalar, estructurar, idealizar o simplemente enamorar.
Maria Marta pudo haber sido mi todo y no conformarse con una parte banal de mí. Su mirada con ahínco y yo como siempre llego tarde. Pena me ha dado no verte en la soledad del futuro. Por esto he pensado que si no se muriera la conciencia, la mirada, la pasión, la suerte del azar y si muriera aún todo esto y más.

O magnificando y deshaciendo lo dicho anteriormente. Si tuviéramos la utópica facultad de ponerle pausa a lo mal conocido como muerte, creo y mi convicción prevalece con dedicación que se moriría el amor. Repito, si la muerte se decidiera a morir mataría al amor y viviríamos solos esperando el resurgir de la despreciada muerte.
Entre cenizas apagadas por la codicia del mundo ajeno, intentare fabricarme y reinstalarme entre el amor del amor y la muerte.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Natalia, sus preposiciones.

Natalia siempre tiene ante cualquier situación la práctica de pensar en dos variantes. Para variar no son muy geniales, mucho menos elaboradas. O mate lavado o piazza a la piedra. O zoológico del Luján o Planetario de día. O bicicleta sin rueditas o caminata en hojotas. O talco floral o harina integral. O mamadera limpia o bombilla de aluminio. O figuritas repetidas o identidades equivocas. O programa de radio o programa de teatro. Aquí Natalia me suscitó que les informara que este texto puede ser leido de corrido, cuidado con los baches o baldes de la baldosa. O en forma zigzagueante. Las segundas variantes nunca se entieden. Elaborar la suya propia. Aconsejo uno y tres, dos y cuatro. Par e impar, par e impar. De cualquier forma algo leeran. También lo pueden enfrentar a un espejo y leer desde el fin todo para atrás.
A Natalia. Ante todo. Bajo sospecha. Cabe pensar. Con hidalguía. Contra intentos. De externos. Desde novedosos. En interrogativos. Entre filosóficos. Hacia rimbombantes. Hasta mediocres. Para desinteresados. Por principiantes. Según acontecieron. Sin sobresaltos. Sobre invariables. Tras continuar. Durante añares. Mediante reproches.

lunes, 4 de febrero de 2008

Retrato de un niño en plaza Francia.

Paleta de colores. Algunos ya secos, otros en proceso a serlo. A no ser más, diría. Amarillos, verdosos, azulados, tierras, y los perdidos colorado y negro.

En plaza Francia me senté en un banco oxidado. Hay árboles hermosos. Pasajes impecables y el contraste de vagabundos y viejas cogotudas de pintorescas capelinas y perfumes tan concentrados que persistían en el aire estancado de cuadras anteriores. Superando el hedor rancio de los mismos vagabundos, del excremento de los perros y de los cestos abrumados que rebalsan en contenido.

Las palomas son odiadas por mí, hasta que un imperfecto niño les arroja maíz. Alas plateadas filosas, cabezas de esmeralda tiesas, picos con musgos secos y patas con formato de ciempiés se tornan amables, tal vez (me cuesta decirlo) amigables.

El niño se pone contento con el impacto del maíz en la baldosa gris. El comer de las palomas o la observación previa le es indiferente. Congele en mi retina al nene con su bolsita de maíz, sus alpargatas negras, su enterito azul petróleo y la remera color ocre. El sol radiante lo teñía de brillantina.

Un viejo perro blanco que por su aspecto no dudo que era de la calle paseaba desparejo al alcance de mi vista. Del pasto soleado hasta el pie de un gran árbol que en su alcance esparcía sombra reparadora. El viejo perro blanco parecía que de reojo espiaba al niño, como yo. Como yo los miraba a los dos.

Repentinamente decidí pintar en ese momento, algo en mi interior me lo indicaba. La luz todavía me acompañaba agradable. No tenía todos mis elementos. Lamente no tener retardador para los acrílicos. El viento me jugaría una mala pasada. A mano alzada comencé el retrato.

Raro. Me había gustado mucho como había quedado, más aún la luz clara que jugaba con su cara, su pelo y sus ojos. En un arrebato de caradurez pensé en mostrarle al niño el retrato. Si lo quería se lo regalaba.

El viejo perro blanco que lo había dejado de lado, tosco, casi a los tumbos se acercó a mí. Pobrecito tenía un ojo con cataratas, me dio pena. Pero lo llevaba bien. Le di unas galletas y volvió a la sombra. Acurrucado descansaba de la vida asumiendo sus limitaciones.

El niño apretando el extremo de la bolsa empezó a agitarla. El ruido atrae. Era la hora de darle el retrato. Me acerqué elaborando argumentos por si el niño era desconfiado. Lo saludé cordialmente, le comente mi temor a las palomas y le mostré el retrato.

Como resurgiendo del cansancio el viejo perro blanco se aproximo ladrando. El niño escapó. Avergonzado por la mirada de los demás. El colectivo no logro detener la marcha y el niño ciego murió en el acto. Varios días después supe que el viejo perro blanco murió solo de tristeza.

Al pintor nunca más se lo vio en plaza Francia. Ahora está retomando la pintura. La fobia a las palomas se magnificó. Ya no puede mirar a los ojos. Repite muertas naturalezas. Un viejo perro blanco. Y un niño vendado rodeado de palomas.

domingo, 27 de enero de 2008

La nada misma y la misma nada y lo mismo ya ni es nada y nada será lo mismo y nada y fin.

La nada misma.

Busco en el cajón dos veces, pero nada encontró porque en realidad no sabia que estaba buscando. Revisó en el armario otras tres y volvió a la cocina. Tomo un vaso de agua natural y salio a revisar el garaje.
Se chocó con un par de infancias, vio cajas llenas de diferentes "nadas" y decidió parar de buscar. Cortó un par de flores del cantero y se fue al cementerio para sentirse más grande. En la entrada se sintió perdido, después encontró el lugar.
Ya ni se sabia hombre o mujer, desorientarse era el camino que mejor conocía él (o la sujeto) en cuestión. Caminó seis pasos, dejó dos flores, dio cuatro más y terminó el ramo. La cripta poseía su nombre, el que jamás podremos develar.

Final próximo. (en colaboración con Sofìa Borsini)


La misma nada.

El documento de identidad estaba muy húmedo porque sobre su superficie había esparcido un paño embebido en alcohol. Quería borrar el nombre y la fecha de nacimiento. Quería empezar una nueva vida. Se hizo dar por muerto.
Tal ves ese hacer tenia más de realidad de lo que imaginamos. Muchos detalles no puedo dar al respecto de lo que sucedió, pero creadme que no es nada del otro mundo.
Todavía. Encontró lo que tanto estaba buscando. Era la numeración de la calle que recurrentemente soñaba, y sabia muy bien porque, mala praxis.

Final más próximo.

Lo mismo ni ya es nada.

Su mundo ya era particular, porque se había empecinado en eso. Para rearmar una vida, para refundirla hay que destruir lo anterior, dejar de lado las sogas que nos atan a lo que fuimos y no seremos.
Emprender un nuevo rumbo borrando ya las huellas que no son más que el pesado pasado. Se alegró, se creyó, se imaginó. Se hizo por un buen rato el alegre… creyendo lo que no puede jamás imaginar.

Final feliz.


Nada será lo mismo.

Sin dar nombre revelaremos el secreto. La vida nueva es ficticia. La vida a pesar de que la conciba como nueva no lo es. La vida es la misma vida que siempre tuvo contando e incluyendo los insistentes y fuertes cambios que intento realizar.
Todo fue y todo será en vano. Todo seguirá igual, a pesar de la creencia de su creación. Las habladurías de la comunidad seguirán hablando mal del travestido aquel.

Final infeliz.


Nada.

Apesar de ser valiente y afrontar todo.
Apesar de asumir y asumirse.
Apesar que se le sera negado en contadas ocasiones la libertad.
Apesar de que su vida cotidiana no sea más vista como tal.
Apesar de nacer Juan Carlos.
Apesar de tener pija y testículos.
Apesar de todo, llamarla Cristina es crecer.


Fin.


sábado, 12 de enero de 2008

Pàjaro.




Si el pájaro preciso volara al revés…
Parecerá como que lo hubieran dejado volar en libertad sin rumbo.

Las manos despiden la partida y luego se hacen una misma.
Encierran secretos infinitos, mapas de rumbos y un corazón lánguido.

Duerme el ave y sobrevuela el silencio.
Inmensidad de océanos dulces.
Montañas heladas del calor del amor.
Crujen en los tiempos de luces.

Vuelve a las entrañas del cielo que brilla en lo alto del plano.
Ese plano que lo guía y pregunta: “¿Cuál es el rumbo? ¿Dónde estas?
¿Quién lo tiene? ¿Quién te lleva? ¿Quién te siente presente?”.

El presente.
Ese presente con sabor a pasado que vuelve ácida la imagen del futuro.
El mismo que solía ser tan claro en el pasado del mundo.

Su corazón hervía de intranquilidad.
El frió congelado no crispaba el alma de las alas.
Su corazón con alas, alas quemadas por el rayo de sol.
Más brilloso que el espejo cósmico de su propio interior.

El pájaro cantor canta lo que el viento dejo por años en el oído de Dios.
Varias canciones de amor a las putas de la Nación.
Felíz pero aturdido de tanta libertad, prefiere estar en las manos de mamá.

Papà... algo extraño, lo extraño.


Te juro que te extraño. Pasan quince días de ausencia y lo extraño. Por supuesto que cuando llega y antes de decir: "Hola hijo, ¿cómo estas?"... grita por los pisos sucios. Es así como me afecta sus viajes largos. En mi cuerpo algo extraño, lo extraño. "Hola papá, ¿cómo estas?"

domingo, 30 de diciembre de 2007

Natalia, sus pasatiempos.

A quien no le gusta escapar de a ratos de la mismísima realidad. Dar un viaje por algún lugar no muy frecuentado con anterioridad o con buenas recomendaciones. Esta es una tarea casi obligada para ella y cuando puedo para mí también.
Todos somos encerrados por la ciudad (ya usaron la terminología presos) y entonces lograr irnos como un pingüino que rescatado de alguna pradera de la puna o de alguna pirámide con forma de estatua de la liviandad es devuelto a donde más le gusta. Los pantanos.
Natalia se hace. Y. Pasa tiempos muy acogedores en sus pasatiempos. Un destino obligado por ella misma (única persona a quien le hace caso) es el siguiente, ingredientes: cualquiera menos integral (un poco de sol), preferiblemente azul verdoso, para marrón esta el río (una pizca de mar), bien exprimido (una gota de aire), si se puede dos veces tamizado (abundante arena matizada) y algún que otro artefacto bien como una espátula o en su defecto un tenedor blando para decorar con mensaje a piachere del comensal mejor conocido. Alma.
Las cosas en esas zonas no tienen mucho sentido y para ella era el mejor sentido posible de conquistar. Sentarse frente al mar, ver las olas que jamás se repetirán, aunque el ojo parece siempre engañado como la primera sensación. Jugar a interpretar el mensaje del viento desleal y llegar hasta la noche para lograr adivinar a donde nacerá la primera estrella.
Es lógico y casi imposible despistar el recuerdo vago de la niñez. De los castillos con papá y los helados derretidos, un desperdicio. De las sacudidas de mamá para quitar la arena del cuerpo, parecía más interesada por la malla y la ceremonia del protector solar, nunca se quedaba quieta para ser bien esparcido. Del primer cigarrillo miedoso detrás del médano cómplice. De cuando la maldad se hizo presente en el hermano y la dejo enterrada por minutos que parecían inagotables. Ese fue precisamente el inicio de una fobia pasajera que creía su génesis en el entierro aunque con años de terapia llegaron a la conclusión (yo me perdí en el camino) que era claustrofobia anacrónica.
Yo con el tiempo y logrando terminar el camino comprendí que también surgía allí la incomprensible y asidua desaparición.
Empeñada y cabeza dura como pocas en la faz de la tierra Natalia se empecina en pasatiempos con algo parecido a la soledad. A Natalia se le esta pasando el tiempo como a todos los que queremos pasar y compartir con ella el nuestro. A Natalia se le pasa el tiempo como a todos nosotros, los ingobernables. Se pasa el tiempo. Natalia pasa tiempo. Natalia pasa. Natalia tiempo. Pasatiempos... pasa.... tiempo.