viernes, 27 de mayo de 2011

Actuar para vivir


El conejo Saldívar ingresaba al juzgado con la cabeza gacha. Incluso sus orejas. Lo sentaban al lado de su defensor. Nunca alzaba su mirada cuando lo nombraban. Pasaban numerosos testigos del hecho. Todos exponían con solvente oratoria. El conejo Saldívar se mantenía lo más quieto posible. El fallo fue categórico. Los tres jueces no dieron muchas vueltas. Quinientos años de cárcel por comer la zanahoria. El director pegó un grito seco y cortante. Los actores aplaudieron a rabiar. Los asistentes se olvidaron de quitarle las esposas al conejo Saldívar, quien dejo la actuación y se dedicó a criar conejos.


martes, 17 de mayo de 2011

Natalia, sus corpiños

Que bien que baila. Esa música Forró. Che, no es un chiste, ni un insulto, ni una vulgaridad poco preservada, es una danza brasilera. Levanta hasta los vivos que se están muriendo, con esa alegría que se respira en Brasilia y en su mundo privado de privacidad.

Natalia baila bien, cuando se anima a bailar bien. Cuando su alma se desprende del cuerpo tenso y así, relajada, lenta, prohibida, aflora la pasión por la música y la ductilidad para mover los pies tan veloz que uno piensa o que no los posee o que se quebrará. Que se pierden en el sueño que va perdiendo luz. Que las rodillas no dividen sino que juntan. Su espontaneidad la hacen asemejarse a un cuerpo laxo y arropado en una melancolía de milonga que siempre le da un toque de distinción requerida en vano pero lamento informar que la señorita Natalia no da clases particulares ni tiene intención alguna de hacer fácil el trabajo interior de quien quiera bailar.

Si la observan con atención Natalia presiona fuerte los dientes (postura similar a cuando se intenta abrir un sobrecito de mostaza) y su cabello baila al compás (sí está lacio o lo quemó con una plancha de hierro, el rulo siempre hace jugar malas pasadas a las jóvenes). Su vestido se levanta como una flor vencida por la gravedad grave de un instrumento que desentona pero bien. Y Marilyn refunfunea por plagio pero al final sonríe como mera costumbre. Arriba es la única diva de veras.

Las palmas chocan en un golpe seco y repetido por la inercia del espectáculo que no ha sido ensayado con solvencia. Pero nadie lo nota. Los tobillos quedan rojos, las uñas de los pies se aflojan, pierden o dejan esa postura contraída por la inteligente decisión de preservación (siempre hay un piringuindin que te pisa los garfios y ahí aléjate de Natalia porque te aplaudirá la cara).

La noche de anoche fue un día más. Amanecía en un baño con espuma. Antes de mecerse en la tina infinita de finales lastimosos: se detenía. Reía apenas con su boquita color carmín y restos de desamor acumulados en la comisura. Se quitaba el collar de perlas, las pestañas postizas, el tampón y claro la cabeza. No literalmente sino como una maldición teatral. Al principio entre miedos y valentías... y cansancio por la contradicción antecesora... llegaba lo peor, pero lo nuevo se vuelve viejo en un cerrar de ojos provocado por el agua pasada de una tina sucia y revuelta.

Ella soñaba que estaba en el escenario siempre, que la gente se ponía de pie cuando le caía esa lagrima de amor y a la salida del baño incesantes fotógrafos que se sonrojaban porque claro... aparecía la diva. La terrenal. La que quemaba rencores con besos fogosos. La de la piel chamuscada de dedos esponjosos de humedad. La que no quería competir y compartir chismes. La loca linda a la que los analistas le huyen. Y ahora aplausos, más aplausos (por favor), seguían bien los aplausos desincronizados ya en el final. Las luces que ciegan un lascivo recuerdo venerado en un campo que no concentra huesos frágiles y mal olientes. Y ella que salía ahora vestida así nomás por un nuevo corpiño. Se lo olvidó cuando soñaba y el agua lo hizo agua.

martes, 22 de marzo de 2011

Gran angular y fondo de ojo

te miro con un gran angular entre la luz, otoño

tus pies dañados ya no están sobre la tierra ni el mar,que

las miradas en la nada de todos no son iguales, quema

se rompen las tinieblas de la vanguardia, en melancolía

los cambios de historia aparecen, ojo de pez

en el final llegará la rendición de la belleza, muy poco ves


miércoles, 13 de octubre de 2010

Regresé a casa de día


Regresé a casa de día. El silencio caminaba en puntas de pie surcando el suelo. Las luces comenzaban a despertar. El beso fue fuerte y con un leve dejo de verdad. Entre los días siguientes iban y venían preguntas desconcertantes. Estábamos lejanos. La mirada fría reposando en la nada. Mala sangre o perdón. Ahora las pestañas reclamaban un llanto que es bien conocido. Noche de cerca. A tu nombre ya no lo quería ni nombrar. Perfume a sonrisa falsa y un chiquero próximo a la vista. Baja presión o taquicardia. No soporto más a mi cuerpo ni a mi verdad. Me transformo en la soledad de oírme callado. Tus reacciones serán estudiadas en un estado de coma. Hay un desdén solapado donde se conjugan tu ser, tus ojos y tu respiración artificial. Me propongo mirarte bien y así transformarte. Hoy sueño con tu sombra espesa que reposa en mi paladar lleno de reflejos pálidos. Con dolor fresco y algo así como ternura imaginada. Nos rompemos en un abrazo sin ropa ni fuerza. (Hubiera deseado un amanecer con el viejo sol). Los corazones se tornan serios. Un poco menos, un poco. Las guirnaldas se deshilachan y se pudren en tus pies. No sabemos por qué hablamos en voz baja… con excusas que ya usamos. Se consume el amor de a poco, a fuego lento. Con un impulso largo tan parecido al final. Se consume el amor de a poco, a fuego lento. No sabemos por qué hablamos en voz baja… con excusas que ya usamos. Las guirnaldas se deshilachan y se pudren en tus pies. Un poco menos, un poco. Los corazones se tornan serios. (Hubiera deseado un amanecer con el viejo sol). Nos rompemos en un abrazo sin ropa ni fuerza. Con dolor fresco y algo así como ternura imaginada. Hoy sueño con tu sombra espesa que reposa en mi paladar lleno de reflejos pálidos. Me propongo mirarte bien y así modificarte. Tus reacciones serán estudiadas en un estado de coma. Hay un desdén solapado donde se conjugan tu ser, tus ojos y tu respiración artificial. Me transformo en la soledad de oírme callado. No soporto más a mi cuerpo ni a mi verdad. Baja presión o taquicardia. Perfume a sonrisa falsa y un chiquero próximo a la vista. A tu nombre ya no lo quería ni nombrar. Noche de cerca. Ahora las pestañas reclamaban un llanto que es bien conocido. Mala sangre o perdón. La mirada fría reposando en la nada. Entre los días siguientes iban y venían preguntas desconcertantes. Estábamos lejanos. Entre los días siguientes iban y venían preguntas desconcertantes. El beso fue fuerte y con un leve dejo de verdad. Las luces comenzaban a despertar. El silencio caminaba en puntas de pie surcando el suelo. Regresé a casa de día.

sábado, 28 de agosto de 2010

Leer más lento


Dentro de él la hemorragia no tenía fin. La sangre se agolpaba torpe y efervescente. Empezaba a explorar la verdadera muerte apagándose lejos. La carne quemaba. La mente no descansaba. La carne quemaba y la mente no descansaba.


El corazón reía vaya uno a saber porqué. El dolor se intensificaba con simples movimientos de una respiración fatigada. Cerró los ojos en cámara lenta. Sus pestañas eran diminutas, pero mantenían el color de la juventud. Le molestaba el incesante flash de la cámara de fotos (era digital). La gente se amontonaba recubierta de morbo y felices de no ser ese.


Él era un señor más mayor de lo que uno podía pensar. No podía entrar en razón. Su maletín estaba cercano al cuerpo inerte. Los billetes teñidos de un rojo intenso. Su sangre. Su última verdad.


Y el final es poco sorpresivo. Sabíamos que no tendría nunca más nada. Utópicamente, ahora era la hora en donde la tecnología avanzaba y él lentamente (leer más lento) retrocedía para alcanzar a la muerte que caminaba lenta y con la mirada baja.

sábado, 17 de abril de 2010

Comparaciones



Sumergiéndome en ese presagio diferente como al principio de una relación amorosa y sus circunstancias.
Teniendo un miedo preciso a ese individuo lejano que es como interpretar los significados que no reconocen verdad, mentira y celos.
Cuando no estás llueven fuertemente lágrimas que flotan en el aire como fantasmas húmedos y fieles.
Las variantes románticas en las que puede entrar también la felicidad son distintas realidades de cómo un pequeño paraíso donde, la progresiva unificación con el todo, te atrapa hasta reír.
Sin aliento el cuerpo queda solo en el frío de la enfermedad como camino.
En el atardecer una música de amor llegaba a aturdir la historia conjunta como guerras inescrupulosas (sin sentido siempre) a deshacer contradicciones de pareja.
Desenfadadas
bromas en los inicios y un desafió gris donde se haya un profundo dolor como quedar estancado en la eternidad sin precedentes ni pasado.
Quizás ya no sea necesario acariciarte para verte desnudo como ya sabemos seguirás naciendo.
Constituyendo en el amor así las comparaciones son odiosas como escribirlas y cantarlas en soledad.

lunes, 8 de febrero de 2010

Florecer junto al jacaranda (contemporáneo dilema)

El calor era agobiante, los pájaros no cantaban el canto acostumbrado y el sol daba duro y parejo. Todo estaba cubierto por una siesta impostergable y lejana que con el calor se volvía pegajosa. La velocidad era prácticamente nula, los cuerpos presentaban síntomas de deshidratación.
Estabas parada con esfuerzo de pies hinchados. Debajo de ese jacaranda que daba con su extenso follaje una sombra reparadora, allí en el centro de la plaza. Acompañada por el viento sutil, irreal. Tímido o cansado el jacaranda, comenzaba con esa costumbre de florecer en un violeta delicado. Lila.
Se te llenaban los ojos de lágrimas junto a esa dulce brisa del Este y el recuerdo del niño de gorro rojo que reía en la hamaca por la mañana. Esa risa de la infancia, esa noble y ingenua visión de la vida. Eso siempre se extraña, no sos la única. Ahora creías que el mundo estaba contento.
Te quitaste las sandalias con mucho uso de color marfil. Tus únicas sandalias, rehusabas de las hojotas de bajo costo e indudable calidad. Bajaste al mundo. El pasto estaba frío como tu alma. Tal vez es exagerado porque realmente no estaba fresco. Quizás tu mente te lo hacía creer. O era realmente más fresco que el pavimento, que a lo lejos demostraba como se desprendía, en forma de vapor, el calor desde sus entrañas. Pero era un obviedad.
Te gustaba el secar de ese charco que agonizaba desde la lluvia de la noche anterior. Esa en la que no lograste protegerte con el plástico que te regaló una vecina. Tus venas estaban más tranquilas. Mientras vos pensabas en ese pedazo tuyo de conciencia que recordaba el diluvio pasado. Te molestaba saber que ni cosquillas te hacía ya la lluvia intensa.
Intentaba remontar vuelo tu mente pero era imposible, seguía atrapada en una burbuja atemporal. Tu aspecto acompañaba brutalmente ese sentimiento, el paso del tiempo te quito la calma. Seguías imaginando ese amor inmaduro que se te escapó en los días verdes.
Ahora medio día. Calor de un sol perpendicular. La gente iba y venía. Te miraban. Te sentías espiada. Te ofrecían limosnas. Te maltrataban mentalmente. Te reías de ellos. Te daba miedo saber que dabas miedo. Te despreocupabas. Te presionaba la vergüenza de un futuro que no renovaría jamás tu bienestar. Te sabías perdida y olvidada. Bebías tu angustia ligth. Tu corazón menos rojo que antes, perdía fuerzas, estaba vacío. Tu cabeza se nublaba por pensar lo perdido. Recordar lo indescifrable. No sabías que decir. No sabías que decir para calmarte. Te desnudaste a la vera del sol. Lentamente. Con temor. No se confundan, no corrían pensamientos lascivos en la turbulenta marea de fondo gris. Se movía como principiante en el sexo. Con estrías que no podías esconder. El cielo esperaba expectante. No desesperabas. Te hundiste en la ciénaga que da a la ventana de los vecinos. Alguien dijo que te habías ido a buscar la melancolía por donde estaba la luna. Error. Habías muerto, pero vos no podías contemplar eso. No estabas en tu sano juicio. Quedaste en las ruinas. Suave, tu dolor, se volvía un color enfermo que no modificaba absolutamente nada. Sabiamente. No podías procesar tus deseos de dolor. Había mucha esperanza por perder. Venía, a lo lejos. Era tu fantasma. A veces tenías ese temor. Aunque siempre había vida, incluso naciendo. Tu cabeza con el pelo sucio y pajoso (no te bañabas) se encendía quemándote en un permanente olvido. El que te daba algo así como tranquilidad. El barro te empezaba a ahogar. La basura ya era un refugio pasado. El néctar te aliviaba, sentías el amor de las abejas succionando parte de tu ser. Confusión, vagabunda, mujer abandonada, forma misteriosa. No se sabe de que se trata. Tu energía se pierde, como condición humana, por explicar que el fin finalizará cuando la herida cicatrice por un sentido de superación. Silenciosa soledad cuando estaba rodeada de gente poco noble y pájaros que ahora cantan y comen migas de pan duro. Te atrapa la tierra para protegerte. Te besa para no morir. Te sueña para no olvidar. Contemporáneo dilema. Y sin embargo, con tus disonancias seguías romántica. Empezabas a pensar tu mundo después de la guerra. En un sentido u otro sufrías tus formas desorganizadas. Que serán de las cosas que viven en tu corazón, ahora envuelto en un tronco y con raíces profundas (enroscadas, como tu sentir). Lloraste porque envejecías. Temblaban por dejos de tristeza las ramas altas acompañada del viento nocturno. Tu cara, que desapareció en tu nuevo cuerpo, seguía sola. La tierra ahora, con el pasar de los días te abrazaba con amistad. Rogabas que vuelva a llover. Fuertemente, como ocurre en los veranos porteños. Una gran estrella nacía, ladeando a la luna rodeada de brillantina. Ahora, florecer junto a tu Jacaranda. Eran uno mismo, la mujer loca, la vagabunda, la pobre señora, la triste dama, ella y quien sabe. Escaparle a todo, eras el jacaranda más lindo de la plaza. Eras un árbol con experiencia. Bella decidiste florecer para tu eternidad. Te recuerdo, frágil y soñadora. Cuando veo florecer un jacaranda, tu sonrisa se ilumina en mi mente. Adiós.