
jueves, 13 de octubre de 2011
Desvarios de un pre-adolescente

viernes, 27 de mayo de 2011
Actuar para vivir
El conejo Saldívar ingresaba al juzgado con la cabeza gacha. Incluso sus orejas. Lo sentaban al lado de su defensor. Nunca alzaba su mirada cuando lo nombraban. Pasaban numerosos testigos del hecho. Todos exponían con solvente oratoria. El conejo Saldívar se mantenía lo más quieto posible. El fallo fue categórico. Los tres jueces no dieron muchas vueltas. Quinientos años de cárcel por comer la zanahoria. El director pegó un grito seco y cortante. Los actores aplaudieron a rabiar. Los asistentes se olvidaron de quitarle las esposas al conejo Saldívar, quien dejo la actuación y se dedicó a criar conejos.
martes, 17 de mayo de 2011
Natalia, sus corpiños
Que bien que baila. Esa música Forró. Che, no es un chiste, ni un insulto, ni una vulgaridad poco preservada, es una danza brasilera. Levanta hasta los vivos que se están muriendo, con esa alegría que se respira en Brasilia y en su mundo privado de privacidad.
Natalia baila bien, cuando se anima a bailar bien. Cuando su alma se desprende del cuerpo tenso y así, relajada, lenta, prohibida, aflora la pasión por la música y la ductilidad para mover los pies tan veloz que uno piensa o que no los posee o que se quebrará. Que se pierden en el sueño que va perdiendo luz. Que las rodillas no dividen sino que juntan. Su espontaneidad la hacen asemejarse a un cuerpo laxo y arropado en una melancolía de milonga que siempre le da un toque de distinción requerida en vano pero lamento informar que la señorita Natalia no da clases particulares ni tiene intención alguna de hacer fácil el trabajo interior de quien quiera bailar.
Si la observan con atención Natalia presiona fuerte los dientes (postura similar a cuando se intenta abrir un sobrecito de mostaza) y su cabello baila al compás (sí está lacio o lo quemó con una plancha de hierro, el rulo siempre hace jugar malas pasadas a las jóvenes). Su vestido se levanta como una flor vencida por la gravedad grave de un instrumento que desentona pero bien. Y Marilyn refunfunea por plagio pero al final sonríe como mera costumbre. Arriba es la única diva de veras.
Las palmas chocan en un golpe seco y repetido por la inercia del espectáculo que no ha sido ensayado con solvencia. Pero nadie lo nota. Los tobillos quedan rojos, las uñas de los pies se aflojan, pierden o dejan esa postura contraída por la inteligente decisión de preservación (siempre hay un piringuindin que te pisa los garfios y ahí aléjate de Natalia porque te aplaudirá la cara).
La noche de anoche fue un día más. Amanecía en un baño con espuma. Antes de mecerse en la tina infinita de finales lastimosos: se detenía. Reía apenas con su boquita color carmín y restos de desamor acumulados en la comisura. Se quitaba el collar de perlas, las pestañas postizas, el tampón y claro la cabeza. No literalmente sino como una maldición teatral. Al principio entre miedos y valentías... y cansancio por la contradicción antecesora... llegaba lo peor, pero lo nuevo se vuelve viejo en un cerrar de ojos provocado por el agua pasada de una tina sucia y revuelta.
Ella soñaba que estaba en el escenario siempre, que la gente se ponía de pie cuando le caía esa lagrima de amor y a la salida del baño incesantes fotógrafos que se sonrojaban porque claro... aparecía la diva. La terrenal. La que quemaba rencores con besos fogosos. La de la piel chamuscada de dedos esponjosos de humedad. La que no quería competir y compartir chismes. La loca linda a la que los analistas le huyen. Y ahora aplausos, más aplausos (por favor), seguían bien los aplausos desincronizados ya en el final. Las luces que ciegan un lascivo recuerdo venerado en un campo que no concentra huesos frágiles y mal olientes. Y ella que salía ahora vestida así nomás por un nuevo corpiño. Se lo olvidó cuando soñaba y el agua lo hizo agua.
martes, 22 de marzo de 2011
Gran angular y fondo de ojo

miércoles, 13 de octubre de 2010
Regresé a casa de día

sábado, 28 de agosto de 2010
Leer más lento

Dentro de él la hemorragia no tenía fin. La sangre se agolpaba torpe y efervescente. Empezaba a explorar la verdadera muerte apagándose lejos. La carne quemaba. La mente no descansaba. La carne quemaba y la mente no descansaba.
El corazón reía vaya uno a saber porqué. El dolor se intensificaba con simples movimientos de una respiración fatigada. Cerró los ojos en cámara lenta. Sus pestañas eran diminutas, pero mantenían el color de la juventud. Le molestaba el incesante flash de la cámara de fotos (era digital). La gente se amontonaba recubierta de morbo y felices de no ser ese.
Él era un señor más mayor de lo que uno podía pensar. No podía entrar en razón. Su maletín estaba cercano al cuerpo inerte. Los billetes teñidos de un rojo intenso. Su sangre. Su última verdad.
Y el final es poco sorpresivo. Sabíamos que no tendría nunca más nada. Utópicamente, ahora era la hora en donde la tecnología avanzaba y él lentamente (leer más lento) retrocedía para alcanzar a la muerte que caminaba lenta y con la mirada baja.
sábado, 17 de abril de 2010
Comparaciones

Teniendo un miedo preciso a ese individuo lejano que es como interpretar los significados que no reconocen verdad, mentira y celos.
Cuando no estás llueven fuertemente lágrimas que flotan en el aire como fantasmas húmedos y fieles.
Las variantes románticas en las que puede entrar también la felicidad son distintas realidades de cómo un pequeño paraíso donde, la progresiva unificación con el todo, te atrapa hasta reír.
Sin aliento el cuerpo queda solo en el frío de la enfermedad como camino.
En el atardecer una música de amor llegaba a aturdir la historia conjunta como guerras inescrupulosas (sin sentido siempre) a deshacer contradicciones de pareja.
Desenfadadas bromas en los inicios y un desafió gris donde se haya un profundo dolor como quedar estancado en la eternidad sin precedentes ni pasado.
Quizás ya no sea necesario acariciarte para verte desnudo como ya sabemos seguirás naciendo.
Constituyendo en el amor así las comparaciones son odiosas como escribirlas y cantarlas en soledad.


