lunes, 9 de abril de 2007

La viuda.

Como todas las tardes Norma Toledo, la viuda de los colectivos, subía al 60. Antes de pisar el primer escalón, miró de reojo al chofer para ver si lo conocía. Viendo que no, lentamente separó las rodillas para emprender la escalada. Lo saludó gentilmente y le pidió el mínimo importe para el viaje. Cuando la máquina marcó los setenta y cinco centavos introdujo la moneda de un peso que siempre era falsa. La tragamonedas no la tragó y la escupió en todas las oportunidades.
Allí empezó a levantar la voz contra el banco que supuestamente le había dado la moneda falsa. Revoleando los ojos para que alguien se afligiera. Buscando en su pequeño monedero alguna moneda, pero da la casualidad que nunca tenía. Siempre un hombre se paraba de su asiento y le ofrecía una moneda. Ella se sonrojaba, le agradecía y lo seguía hasta donde estaba sentado.
Luego el hombre para demostrar que era más caballero aún, le extendía la mano indicándole el asiento. Pero ella decía que era demasiado, y lo dejaba sentarse. No era necesario, ya sabía que el viaje era gratis. Eso sí, no paraba un solo segundo de hablar con ese hombre que siempre era apetecible para ella. Le volvía a hablar mal del banco pero no podía mantener la mirada en los ojos ajenos.
El discurso que le proseguía siempre variaba dependiendo del clima. Si llovía hablaba de su padre, ya que era ingeniero agrónomo especializado en hidráulica, lo recordaba con tristeza en la cara. Ella le contaba que su padre había anunciado treinta años atrás que Entre Ríos algún día se inundaría y así dejaría de existir. Si el día era soleado se las agarraba con el presidente de turno, además de enfadarse por su alergia al febo.
En cambio si solo estaba nublado directamente no subía al colectivo, no tenía tema de conversación. Asfixiaba cada vez más su rosario de plástico color rosa y rezaba alguna plegaria para que comenzara a llover o se despejara por completo. Y cuando alguna de las dos posibilidades se lograba subía relajada para dar su sermón.
Norma es muy ágil para hablar y no le importa la opinión ajena. El hombre se perdía mirando por la ventana buscando la escapatoria más cercana. Ella sabía que eso siempre sucede y se hizo la que no tenía nada más que decir.
Sacó de su cartera marrón de piel de camello un libro que paradojicamente se llama Los manipuladores e intentó leer en las penumbras del viaje. Lo hizo con los ojos casi cerrados, se olvidó los lentes en la mesa de luz, como siempre. Se cansó y dejó de leer. Bostezó siete y a veces ocho veces y si en el viaje la empujaron no deja de mirar al joven atrevido.
Sus piernas son lo más destacable de su cuerpo, llevaba siempre polleras que permitían ver nada más los tobillos pálidos además de su bolsa de almacén con una manija de goma de menos, que solo contenía aire.
Tiene unos rulos muy apretados, llegarían a la cintura o más abajo si los matara, pero no pasan la pera. La viuda de los colectivos baja justo enfrente del Hospital Militar.
Como todos los días cruzó la avenida Luis María Campos y entró por la guardia. Subió una rampa de goma gris con pequeñas hendiduras y llegó al primer piso. Su marido era militar y había muerto en ese hospital. Hacía solo tres años de su muerte.
La viuda de los colectivos emprendió las tres vueltas que da todas las noches. Elige recordar el olor a las vísceras de la muerte que el aroma a vida que llevaba su marido. Salió solloza y se dirigió a la próximo parada del colectivo para regresar a su vivienda.
Antes de usar monedas falsas en los colectivos, la mismísima viuda del colectivo había sido la viuda del hospital.


4 comentarios:

Fallen_Angel dijo...

Es una buena idea, tal vez la ejecución no es la mejor, yo creo. Pero no sé mucho de nada. Abrazo.

ber dijo...

me encanto esa historia, ya voy a hablar con vos! por msn me encanto!

naturaleza_paez dijo...

Hola!!!

Muy bueno!!!

No te di mi opinion antes, porque tuve problemas con la PC y menos mal no se me borro lo que me habias pasado!!! je!

Segui asi...bah...mejoras dia a dia.

Saludos y suerte!!!

PD: Ya va a llegar...ya va a llegar...

Antonela dijo...

Bueno, ya te dije lo que opinaba. Es una buena historia, muy original, pero le hubiera rellenado el final.

Besos! :)