domingo, 30 de diciembre de 2007

Natalia, sus pasatiempos.

A quien no le gusta escapar de a ratos de la mismísima realidad. Dar un viaje por algún lugar no muy frecuentado con anterioridad o con buenas recomendaciones. Esta es una tarea casi obligada para ella y cuando puedo para mí también.
Todos somos encerrados por la ciudad (ya usaron la terminología presos) y entonces lograr irnos como un pingüino que rescatado de alguna pradera de la puna o de alguna pirámide con forma de estatua de la liviandad es devuelto a donde más le gusta. Los pantanos.
Natalia se hace. Y. Pasa tiempos muy acogedores en sus pasatiempos. Un destino obligado por ella misma (única persona a quien le hace caso) es el siguiente, ingredientes: cualquiera menos integral (un poco de sol), preferiblemente azul verdoso, para marrón esta el río (una pizca de mar), bien exprimido (una gota de aire), si se puede dos veces tamizado (abundante arena matizada) y algún que otro artefacto bien como una espátula o en su defecto un tenedor blando para decorar con mensaje a piachere del comensal mejor conocido. Alma.
Las cosas en esas zonas no tienen mucho sentido y para ella era el mejor sentido posible de conquistar. Sentarse frente al mar, ver las olas que jamás se repetirán, aunque el ojo parece siempre engañado como la primera sensación. Jugar a interpretar el mensaje del viento desleal y llegar hasta la noche para lograr adivinar a donde nacerá la primera estrella.
Es lógico y casi imposible despistar el recuerdo vago de la niñez. De los castillos con papá y los helados derretidos, un desperdicio. De las sacudidas de mamá para quitar la arena del cuerpo, parecía más interesada por la malla y la ceremonia del protector solar, nunca se quedaba quieta para ser bien esparcido. Del primer cigarrillo miedoso detrás del médano cómplice. De cuando la maldad se hizo presente en el hermano y la dejo enterrada por minutos que parecían inagotables. Ese fue precisamente el inicio de una fobia pasajera que creía su génesis en el entierro aunque con años de terapia llegaron a la conclusión (yo me perdí en el camino) que era claustrofobia anacrónica.
Yo con el tiempo y logrando terminar el camino comprendí que también surgía allí la incomprensible y asidua desaparición.
Empeñada y cabeza dura como pocas en la faz de la tierra Natalia se empecina en pasatiempos con algo parecido a la soledad. A Natalia se le esta pasando el tiempo como a todos los que queremos pasar y compartir con ella el nuestro. A Natalia se le pasa el tiempo como a todos nosotros, los ingobernables. Se pasa el tiempo. Natalia pasa tiempo. Natalia pasa. Natalia tiempo. Pasatiempos... pasa.... tiempo.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Los Saguir.



De fondo se escuchaba al tocadiscos que lloraba con Roberto Goyeneche cantando Cafetín de Buenos Aires. Los violines un poco resfriados suspiraban sintiendo el fraseo y el temblor de su piel. Aldo Saguir estaba congelado ya que se remitía a su ñata contra el vidrio que murmuraba el “Polaco” y los años de purretes.
En el silencio a veces atroz y a veces imposible en otros lugares, era solo quebrado por la música. Aldo disfrutaba enormemente romper ese código que tenía con su hermana Nadia, Nadia Saguir. Mientras su hermana que era menor que él, iba a comprar al mercado alimentos, él corría a la sala de estar y quebraba el silencio seco. Cuando quería buscar respuestas o empaparse de confesiones ajenas (no le gustaba charlar) oía tangos. Cuando solo quería llenar agujeros de aburrimiento ponía algo de jazz y hacía que tocaba la trompeta o bailaba solo, su preferido era Chet Baker. Y si debía compartir el silencio musical con su hermana no se movía de Chopin o Bramhs. Lo clásico nunca falla. Además ya nadie puede discutirlos.
Nadia prefería hacer otras tareas antes que imponerse a poner música. No tenía unos oídos como para hacerlo. Amaba la botánica. Y podía pasar horas haciendo arreglos para la mesa del living. Le gustaba limpiarle todas las hojas a las plantas del jardín de invierno. Y se sentaba cómodamente en el balconcito de su cuarto en días soleados y si era con una mínima brisa mejor, a contemplar su vieja aloe vera y contarle lo que le había sucedido en el día, pero sin verbalismo. En cambio si el día no acompañaba estrictamente con el sol o una brisa sin lluvias, se calzaba las botas de hule amarillas, la de los nenes de jardín y recorría el pasto del fondo de la casa con alguna flor y inspiraba gravemente para tragar el aroma que despiden la tierra mojada.
Los Saguir se querían tanto, quizás producto de ese lazo fraternal invisible que tiene la sangre, o simplemente por callar el mismo idioma.
Aldo era robusto, de manos enormes y boca pequeña. Era de esperar, solo la utilizaba nada más que para comer o beber. Y claro, lavarse los dientes antes de dormir. Era muy pulcro o eso aparentaba. Adoraba comer arvejas, eran su pasión, además de ser sencillo de comer con su diminuta apertura. Tenía un carácter muy fuerte, se enojaba fácilmente y por motivos demasiados graciosos. Poseía de esas miradas que gritan por si solas, bastaba con que fijara sus ojos unos segundos en su hermana para que entendiera lo que le molestaba.
Nadia era tan delgada que la lluvia no la mojaba. La muchacha de ojos grises era tan silenciosa, que a veces Aldo la dejaba encerrada en la casa porque no se acordaba que su hermana estaba leyendo sus fotonovelas. Soñaba asiduamente con aparecer alguna vez impresa allí. Pero no. Nadia estaba buscando su rumbo en la vida. Se frustraba, se enojaba, se anulaba, se agobiaba pensando que desde que había nacido estaba condenada a no ser nadie. Nadia no era nadie por una letra.
Aldo a pesar de ser mayor no era una joyita. No trabajaba. Esquivaba a toda costa los horarios obligados y responsabilidades cargosas, y siempre que podía se hacía el tonto cuando le ofrecían un trabajo. Claro, no era tan difícil, solo tenía que callar, nada nuevo. Ojalá le hubieran vendido en las ferias americanas la G así Aldo era algo.
Ir de visitas a su casa… era tan bello pasar un rato allí, el otro día fui a saludarlos con masas secas. Si hubieran podido escuchar como se oyen los sonidos. Parecían realmente vivos entre esas paredes. Mi vozarrón retumbaba por todos lados de las paredes empapeladas, de los vidrios empañados, de la formica de la alacena, de las puertas cerradas y hasta la alfombra devolvía un eco apagado de mi voz, pero eco al fin. En un momento Aldo se levantó del sillón que mantenía su forma y puso un disco de Chet Baker. Era como si se escuchara detrás de su orquesta y la trompeta que empuñaba una retención de fácil un litro de aire, el cambio de hojas en la partitura del pianista y un hombre, un señor mayor enroscado en la tercera fila del teatro, casi como si fuera una canica y su estornudo miedoso de sol entre dos corcheas. Sublime.
Pero un día todo cambio. Nadia hacia dos días que no salía de su habitación. Sus plantas deshidratadas. Ya no tenía fotonovelas para leer y no le gustaba reiterar la lectura. Aldo se impacientó. Fue hasta la puerta cancel de la habitación y golpeó pausadamente para no reconocer su preocupación. Nada sucedía. Era la primera vez que a Aldo el silencio lo aturdía. Seguía golpeando, cada vez con más angustia.
Le sangraba el dedo horrorosamente. La sangre que chorreaba de su mano desnuda mostraba el dibujo de los lagos, ríos, mares y algún océano oculto que formaban sus huellas de la palma. Se terminó desvaneciendo. La hormiga león viendo como con una cuchara rompía su hormiguero emprendió un certero ataque que logro esa cruenta herida. Recobró fuerzas y así tibiamente lo que había pasado. “La puta que la creo”, se dijo en tono odioso, en silencio. La frase soez retumbaba en su cerebro y no se esparcía en el aire infectado de moscas. Juntó como pudo todas las herramientas para arreglar el cantero de la baranda del balcón, saludó a su aloe vera y se tiró a descansar. Descanso que duro dos días.
Se sentía confundida. Idiota. El insistir del sonido que retumbaba como un timbal en la puerta era su hermano. A pesar de todo se dio cuenta. Nadia comenzó a pegar unos gritos agudos preocupantes mientras se revolvía cubierta de sabanas. Aldo temblaba, se pellizco el antebrazo para ver si tenía que despertar o estaba cómodamente despierto. Despierto estaba, cómodo no. Aldo se sujetaba la cabeza con las manos inyectadas en la sien. Salió corriendo a la sala de estar y puso un vinilo de Chopin. El preferido de su hermana, el que contenía el Vals del minuto. Los gritos verdaderos para nada cesaban y cada vez superaban más el máximo de volumen del tocadiscos. Los vidrios temblaban por tanta energía acumulada en el ambiente. Aldo sentado en el sillón, cada vez más preocupado realizaba plegarias.
Nadia irguió su cuerpo débil. Dejo de gritar por unos instantes. Por su boca cerrada se escapaba de un borde de sus labios una saliva espesa y viscosa. Su pelo revuelto, su vestido blanco enchastrado de tierra y sangre se movía hacia la puerta cancel. Abrió la puerta en busca de su hermano. Se tomó la cintura formando un jarro y agitando su cabeza para todos lados con chirridos muy fuertes. Aldo no se pudo contener y con los ojos cerrados lloró como un niño sin juguete. Nadia se arrodillo en la alfombra naranja riendo alocadamente.
La lastimadura provocada por esa hormiga león había producido un considerable retraso mental en Nadia. Parece un poco exagerado pero no lo es. Aldo perplejo no entendía nada. Con un fuerte dolor en el pecho y con palpitaciones abrió su pequeña boca y dijo: “Te voy a tener que callar”. Provocando una respuesta de alarido atroz y desafiante. Se cree que Nadia no era consciente de lo que estaba ocurriendo.
Los hermanos se trenzaron en una contienda física. La violencia aumentaba. Los gritos de la menor no cesaban y el plan que sé tejía en el interior del mayor era el que todos se imaginan. Aldo logro inmovilizar a su hermana. La llevó a su habitación con signos de locura. La sujeto a la cama como pudo con las sábanas. Nadia gritaba. Eran insultos. Había palabras. Aldo la desnudo. “La verdad no se que te paso, espero que cuando termine vuelva el silencio”, así podríamos decir que se despidió. La violo reiteradas veces.
Comenzaba nuevamente Chopin. El caño del revolver frío apoyado sobre la sien le daba escalofríos. Jaló el gatillo y sus sesos volaron en el jardín de invierno. La sangre brotaba sin pausa. La tierra seca absorbía la sangre amarronada y espesa.
Terminaron los gritos. Por cesárea nacía un nuevo Saguir (con llanto mudo) y Nadia callaba.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Atención tensión.



enredos de celos baratos
mirando balcones soleados
embrujados malvones de llanto
producto cansado de años y pasos

atención tensión, solo dame una ilusión

viniste a buscarme en la salida
recuperar despierto el sueño diva
dinastia falsa y hadas quebradas
prefiero seguir solitario con calma

atención tensión, solo dame una razón

bailando un ritmo sin sal
buscando a duras penas amar
sonrío pensando que todo acabara
y si no es así al carajo ya

atención tensión, un abrazo sin rencor

siempre terminamos en la cama
discutir ya no nos lleva a nada
antes yo creo que me amabas
ahora solo fingís apelmasada

atención tensión, un te quiero sin traición

morir morir morir
solo cuando hay amor se puede morir

atención tensión
solo dame una ilusión
solo dame una razón
un abrazo sin rencor
un te quiero sin traición

atención tensión
hoy ya no hay canción de amor.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Marcela.

Quiero llegar a las puertas del cielo.

Pecado junto a la luna sin lunar fue callar.

Quiero encontrarte y decirte aquello que no dije acá.

Inexplicable ahora es mi energía junto a la soledad.


Miraras como estoy en el futuro, presente.

Jazmines sudaran tu alejada vida de cristal.

Discúlpame la dirección no la supe y no pude viajar.

Noche trasnportadora lleguemos hasta su boda.


Tu enfermedad mi camino ilumina y lo iluminara.

Concreto fue el acabar de la realidad.

Quienquiera tu sonrisa nunca he de olvidar.

Tu lección fue una victoria en la derrota.


Mi querida Marcela, gracias por haber sido mi mamá.

viernes, 16 de noviembre de 2007

yo vida, tu vida, el vida, nosotros vida, vosotros vidais y ellos creo que vida también.


Me acabo de dar cuenta que me estoy muriendo. Que ya el aire tibio no entra en mi cuerpo. Se me hinchan los pulmones sin nada adentro. Me duele hasta el infinito de mi alma-cuerpo. No voy a aguantar a escribir mucho, me apresuro entonces.
Mi vida cambio por tu vida. Tu vida es parte de mi vida. Aunque mi vida ya no es vida. Nuestras vidas son hermosas vidas. Tu vida cambiara sin mi vida. Pero aun tendrás vida sin mi vida.
Vida mía, hasta la vida. Espero que cuando ya realmente no tenga la vida que tengo en este instante, Tu muerte en vida por la muerte de mi vida no sea una muerte tan fuerte. Sea lo menos viva posible.

martes, 6 de noviembre de 2007

Amore mio.




Cuando me di cuenta que te amaba... ya no te pude amar más.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Mandalas Aznar.



mandalas Aznar
ornamentos de antigüedad
jardín cerrado sin pintar
círculo de línea viva
centro de gravedad vital
rosetón de Notre-Dam
siluetas japonesas
ocho hojas de la suerte
flor tallada en roca
el sol de ambos mundos
red de los mamelucos
la puerta hacia el interior
sol de fuego
disco lunar
giro doble
esfera celestial
plato de barro de Azur
quilt hawaiano
las plumas de la dignidad
crecer desde el centro
mandarla de la india
flor lacada del Japón
tres dragones de dos cabezas
disco musical de Anasasi
estrellas de prismas
desarrollo armónico
reino del amor
hombre en laberinto
el bosque de Rowin Hood
las cuatro semillas
hoja de retoño
principio y final
mandalas Aznar

viernes, 26 de octubre de 2007

"Amante yo" (fragmento)

Fragmento de "Amante yo". Un cuento que por su longitud no creo que llege al blog. De cualquier modo, cuando termine de pasarlo me lo piden y se los envio por mail. Espero que lo disfruten.

Pàgina 7.

"Amante Yo"

Caminando por la vereda con el rocío de la madrugada, quedo compungido mirando como las hojas se suicidaban masivamente en este otoño. De una esquina no muy bien iluminada una alta mujer, con un gabán de terciopelo, un poco exagerado para la temperatura registrada, corría desbocada con tacos ruidosos, como un caballo árabe. Sin ver al hombre y a sus cuernos, la atolondrada mujer se lo lleva por delante. Este terminó en el suelo acuoso humedeciendo su pantalón color camello sediento. Ella con las mejillas donde brotaban lágrimas le pidió disculpas por haberlo embestido y lo alzó como si fuera un bebé que se despertaba de la cuna. Se quitó la capucha y haciendo un no más efusivo que el clásico, desparramó así su pelo azabache que jugaba con el viento. Esa imagen hermosa basto para hacerle recordar la representación mental de su mujer y no de la engañadora. Se le desencadeno una catarata de fotografías que iban de lindos recuerdos en el principio a terribles y espumosas imagenes desafortunadas que habían vivido en esta noche que se convertía ya en mañana. Su mujer... Sus compañeros del secundario... Su pérdida de tiempo... Su llegada a la casa con aire a raro... Su padre contándole absolutamente todo... Su conocer de toda la verdad... Su mujer engañándolo... Su padre que comienza a desfallecer... Su historia de vida... Sus planteos... Sus miedos... Su-verdad-todavía-no-impresa.

viernes, 19 de octubre de 2007

Risa Cerebral.

Acuosos tus labios entre mis manos.
Silencios callaron los llantos amargos.
Perdimos pecados nadando mareados.
Suplimos estragos mirando sin pasado.

Tiramos olvidos, jugando vestidos.
Vestigios perdidos, recuerdos malditos.
Crédulos fantaseando, penosas certezas.
Perdimos naturaleza, muchachita perversa.

Proyecciones del alma mal compaginadas.
Sobrevivo recitando para escapar del plano.
Atino cruel de una vergüenza amoril.
Resucito desgraciado en dopado ardor alcohol.

Enciclopedia callejera, deshuesada nena.
Efectos secundarios, violento celebrar.
Leyendas inconexas, sirenas desahogadas.
Litoral Belgrano, redacción volando.

Trenzas del sol mirando tu aire sin querer.
Cansan mil muertes del bandoneón tumbero.
Tristes gritos opacos calientan mi piano.
Todo cristal baila en lenguas vomitando.

Campos imaginarios, deslucido compás.
Consuelos terror, milagro ansiedad.
Belleza imperiosa, aclaraciones paseos.
Soliloquios temor, viajes pasatiempos.


Risa cerebral...




sábado, 29 de septiembre de 2007

Golpe de amor.

Chau amor me voy esta vez.
Yo no quiero hablarte más,
tu no me escucharas.

Todo fue muy lindo, pero hasta aquí llegue.
Fue muy poco tiempo,
pero intenso ya vez.

Leí tu carta y refleccione: ¿tan malo fui?, perdoname.
Ambos creamos errores,
pero voy a hablarte por mi.

Me decías que no se querer,ahora seguro menos que ayer.
No es mi intención lastimarte,
pero la tuya si es matarme.

Buscas esa complicidad inigualable, indispensable.

Pero ya no es mía, ahora no me sale.

Se que me lo vas a negar, pero mi amor de ti nunca se ira.

Tu carta fue la de la despedida, y mi canción es de mi partida.
Tu inteligencia te tiene que ayudar,
tu corazón te puede aun guiar.

Me decías muchas cosas, como: es rara la vida y duele.
No creo que sea así, para mi:
es rara tu vida y me duele, nos duele.

Espero que la parte que tengo en tu alma,no te clave tu profundo fantasma.


"Un golpe de amor, mi letal desamor".

sábado, 8 de septiembre de 2007

poemilla.


No puedo escupir,
no puedo tragar,

tu mal de amor, mi amor.




El destino no es cuestión de suerte,
uno lo arma como quiere y puede.




La vida sin fin podría existir.
Pero no para mi, prefiero morir.

miércoles, 29 de agosto de 2007

Tezto pa desligarme de responsabilidades de poca inspiración.

Este post es solo para pedir disculpas y podríamos decir que detener un poco la asidua y insistente petición de mis amigos, los lectores, que me piden textos mas textos mas algún texto. No estoy muy inspirado óptimamente y es por eso que no afloran a la luz textos como antes. Estoy si bien no muy inspirado, trabajando en varios textos al mismo tiempo y intento lograr hacer cosas diferentes y que me exíga mas. Solamente eso, pido disculpas y seguramente suba poemas o como yo llamo letras de canciones que no tienen música por mi sordera. Besos amigos y cualquier inquietud, pueden solicitarme al mail Lucas_martinetti@hotmail.com

La entregadora.

Cada muerte de avispa una muchacha me manda regalos que van de libros con poemas verídicos, notas musicales escondidas en azúcar impalpable o recetas de ventiscas o lloviznas con consejos para despistar a la soledad.
La entregadora tiene la inaudita facilidad de regarme y hacerme florecer. Nunca es quien me alcanza los regalos a la puerta de mi casa siempre mandaba a amigas o compañeras de su trabajo (con la lejanía de estos hechos lo puedo ahora afirmar).
La primera vez una amiga de ella me dio gentilmente el regalo y yo tuve una rara sensación. Haciéndose pasar por una muchacha del correo, me regalo un sobre de madera con algo que pesaba y un cartelito con mi nombre y sin estampilla y sin sello y sin algo por el estilo.
Yo sin firmar ninguna planilla me di cuenta que no era una situación normal o bien actuada. La despedí con una voz un poco tímida, me surgieron las ganas de repartirle un beso en su mejilla porque creía que no era lo que en realidad, no era. Igual el surgimiento se opaca siempre con la luz de la timidez. Salí rápido cuando se cerró la puerta y con suma precaución abrí lentamente el sobre y no soy adepto al famoso ritual de romper el papel sin mucho reparo. En el interior del paquete había un libro de mi autor preferido, que bueno.
Cuando leí su nombre en la cartita adosada al libro… tan despojada y a la vez tan impactante me di cuenta de que… las puntas del segmento rojo de mi boca se deslizaron hacía arriba para formar la famosa media luna.
Mi corazón bostezando me dijo entre irónico y desganado latió diciendo que la entregadora estaba en la esquina de mi casa. Ni su corazonada y mi sensación habían fallado.
Ella pasado el tiempo confeso su temor y me contó que se había quedado con la noche estrellada esperando en la verdulería de la esquina hasta que yo me vaya a la oscuridad del interior.
Luego las entregas se repetían como la misa de los religiosos. A veces avivadas con sutilezas que a veces ni yo reparaba en ellas. Eso ya no me importaba, ella me importaba.
Los regalos llegaban, yo hacía bromas leves con las amigas por la situación, cerraba la puerta de casa y me ponía a saltar con zapatos lustrados con resortes o entonaba sonatas bellísimas pero improvisadas por lo cual nunca yo las recuerdo porque no quiero callar el encanto.
Esta entregadora nunca dio la cara. Todavía no se ha dignado a entregarse a mí. Tal ves haya sufrido con anterioridad y es por esto que no quiere brindarse a brindar conmigo.
Yo no me entrego, pero me puedo dejar prestar por unos ratos.

martes, 14 de agosto de 2007

La mujer que odió a las Nereidas.

Estaba de pie con el calor de la mañana, descalza entre el pastizal húmedo de rocío y en sensación de estar en nada, mirando la pradera ya florecida en los comienzos de la primavera. Su cabello oscuro como petróleo jugaba con la brisa y se perfumaba del mismo. Sus pies planos estaban un poco lastimados luego de la superación de un verano e invierno atípico. El otoño lo dejaron afuera porque había sido típico.
Su vestido largo hasta un poco más allá de las rodillas desentonaba apenas con el cielo teñido de la luz primaveral. Aburrida en la espera de su amado se tiró de una sutil colina donde descansaban jazmines y comenzó a rodar para quitarse el extracto del perfume del dolor que llevaba hacía rato. No sabía mientras jugaba si detenerse o llorar. Cuando se detuvo porque no había más colina, lloró. Luego se sentó en una altura justa para ver si llegaba su amor en la lejanía. Para pasar el rato, que se terminaría por convertir en día, armó una corona de jazmines que con su pelo resaltarían indudablemente. Le dolía, pero con una tijera corto flor por flor.
Panegyotis no llegaba aún y su amada la Venus de Cnido se impacientaba en lo largo de la espera. El sol que se notaba ya un poco cansado, comenzó sigilosamente a retirarse para ir a dormir. Tímidamente se iba desperezando entre los bostezos la luna.
Mientras ella inquietante de tanto llorar de tanto jazmín y de tanto esperar vacío, él (me refiero a Panegyotis) estaba en la taberna con las mujeres más hermosas del mundo, es decir las Nereidas. Las tan amadas Nereidas que, a diferencia a las mujeres de hoy en día, eran respetadas. Respetadas simplemente por algo más inteligente que el miedo a las mismas. Estas perfectas te seducen, te engatusan y te enmudecen para siempre. Las Nereidas son damas inocentes pero a su vez almas malvadas. Como la mismísima naturaleza que nos cobija y también nos mata por la espalda con un simple susurro.
Panegyotis entones se deslumbraba y poseía el amor de las más hermosas Nereidas, la envidia no sana de los hombres y el deseo de amor real de una mujer, la Venus de Cnido.
Entre la bruma nocturna de la llegada de la luna apareció por fin el tal Panegyotis, un poco desmejorado, eso sí. Como si hubiera dado un paseo por la muerte. Tenía una tonalidad amarilla oriental en todo su perímetro desnudo (llevaba algo de ropa). Su sonrisa se esforzaba para parecerse a la de siempre, no lo lograba. Venus de Cnido atolondrada derramó otro llanto, ésta vez feliz y tropezó por intentar ir lo más rápido hacía Panegyotis. Los pies planos muy cansados sangraba por el esfuerzo. Con una fuerza que no poseían ya sus pies le dijo: “Amor mío, al fin has llegado hasta mí. Yo no creía lo que me decían sobre tú y las Nereidas. Tu amor es mi locura. Te amo amor mío”.
Tantas palabras de amor fueron contestadas con lo peor que le pueden hacer a una mujer enamorada, silencio. Ella intentó no oír el silencio y se consterno en observarlo. La primera impresión no fue nada buena. La tercera ni se la imaginan. Además de que Panegyotis estaba muy mal físicamente, no emitía luego de la observación sonido alguno. Venus de Cnido temía lo peor. Sin embargo todavía tenía la esperanza de que lo que se imaginaba no era cierto. Pensó en timidez. ¿Y lo que decían los demás sobre el engaño de su amado? Pensó en no pensar.
Lo tomó de los hombros con poca carne en ellos y le preguntó si había sido interceptado por las muchachas de bello vello dorado. Él sin emitir una respuesta clara para pasar de la incertidumbre a la certidumbre esbozó con esfuerzo lo siguiente: Las Nereidas… Las señoras… Nereidas… Hermosas… Es estupendo… Rubias… Todo el cabello rubio…
La certidumbre la desplomó como un disparar en la sien a secas y sin aviso. La Venus de Cnido parecía derretirse a pesar de la puesta del sol. Arrodillada no paraba de llorar. Él también lo hacía. Su vestido se embarró y ahora sí combinaba con el cielo. Ella estaba enajenada. Él estaba callado, era su nuevo idioma. Para evitar el mal momento (era imposible) él movía sus manos como si peinaran el pelo de su amada. Pero sólo tocaba la corona de jazmines, como para despejar dudas. Esa flor es la que representa a las Nereidas y se dice que cuando enamoran a un hombre le marcan el lugar del encuentro con dicha flor.
Percatándose de tales hechos e imaginándose a su estúpido amor con las Nereidas enloqueció totalmente. Se levanto sucia por el barro. Tiró con pasión la corona de flores y la pisó con las violetas de su sangre. Lo besó con asco y le dijo que se prepare para ahora si instalarse en la muerte y no viajar de paso (parecía haber leído lo anterior). Sus manos blancas y filosas desbastaron lo poco que le quedaba a Panegyotis. Comenzó por los ojos clavando sus índices y así en un abrir y cerrar de ojos quedo ciego. Luego, no conforme aún, tomó la tijera podadora y la corto. No sean mal pensados, la lengua cortó. Y ahí se detuvo con su famosa risa maliciosa.
Panegyotis sólo lloraba sangre espesa, por ser la primera vez. La hermosa Venus de Cnido se acercó para que lo oyera y le dijo: “Me voy para siempre. Ahora es más desde que sientas el olor a jazmín me recordaras en lo que te queda en la vida. Ya esta bien así, no ves lo que paso, pensé que jamás iba a pasar. Lamentablemente nadie detiene el amor en un lugar. Solo recuerdo tu voz: “Las Nereidas… Las señoras… Nereidas… Hermosas… Es estupendo… Rubias… Todo el cabello rubio… Sólo quedamos tú y yo en la inmensidad. No podré vivir sin ti, lo se, quebrada en mi soledad”. Se fue sin rumbo.
Sobre la nueva madrugada Panegyotis se acostó en la infinita calma. La mañana disipo las aguas, cuando despertó no dijo nada. Solo lloró alguna gota de sangre porque el viento traía consigo aroma de jazmines.
Triste la Venus de Cnido decidió darle fin a todo y fue en busca de Praxitiles, el escultor de moda en la antigua Grecia. Cuando lo encontró le pidió una escultura con su figura. Éste aceptó debido a su peculiar belleza, me refiero a la Venus. Pero le dijo que si él creaba su escultura ella moriría luego. Así entonces aceptó sin dudarlo. Antes se rasuró su cúspide endrina con una navaja que ¡Oh casualidad!, estaba ahí. Se mecía en un asiento de barbero como si estuviera en un barco a la deriva. Mirando el cabello negro del suelo repetía sin cesar: Rubias… Solo rubias… Todo el cabello rubio… Rubias…
Completamente calva se tiró a nadar por el mármol líquido y oscuro. Fue así entonces como murió la Venus de Cnido y su figura fue retratada por Praxitiles en la piedra oscura, sin cabello y con una corona de jazmines.
En su epitafio tallado a cincel decía: “El mal no es el que entra en la boca del hombre. El mal es el que no sale de ella. Cuando estés mal visita a tu peluquero amigo”.

domingo, 5 de agosto de 2007

Natalia, sus julepes.

Si sueno machista, es problema de quien me lee. Las mujeres por lo general se asustan de casi todo, y por ende gritan. Si sueno feminista, es para quedar bien con las mujeres que me están leyendo. Los hombres por lo general se asustan cuando gritan fuerte y sacan una criatura de su vientre. Más porque no habían tenido un contacto de tono intimista y no interpretan que fueron vulgarmente burros.
Natalia es una mujer de armas dejar. Es decir, Natalia no sale a la calle, pide un café en un bar, agradece al mozo, espera que se aleje un poco, cruje sus dientes y aplaude dos veces para llamar la atención del mozo que se aleja con la bandeja como con una rueda de auxilio. Éste se acerca sonrojado pensando algo pornográfico y ésta le pide que traiga otro café porque esta frío. Jamás haría eso. Y no porque no deba, si te traen un café frío no lo aceptes. Es como aceptar una tortilla española con pedazos de estropajo o sopa condimentada con jabón en polvo.
Natalia no hace su reclamo justo por temor a que el mozo piense mal de ella. Así se queda sin tomar su coffe… sus malditos pudores. Cuando anden por bares y vean en las mesas pocillos de agua marrón sin movimiento y sin huellas de labios que hayan besado el borde de contención, fue por miedo a ser mal atendido en otra oportunidad o temor a que el nuevo café, (va a venir más caliente que lo convencional), tenga una sustancia insípida que traerá retorcijones fuleros.
Natalia tiene una pequeña libreta de color rosado, lo único que tiene rosado. El color que detesta. En la libreta, además de anotar fechas de cumpleaños y teléfonos que no le interesan, transcribe pesadillas. Una ayuda memoria que ahora llaman fósfo o vita. Dejando de lado las bromas pesadas de su amigo el obeso, como por ejemplo ranas de plástico en dormir de bolsas y más frecuentemente interrumpía la electricidad haciendo saltar los tapones para dejarla turbia. Hay un par de páginas impares. Realmente destacadas por sobre las demás, un poco obvio. La letra se muestra más grande que el resto y además se encuentran como remarcadas en sus trazos varias veces, más obvio.
Allí hay un solo fin que se puede sacar a grandes rasgos, miedo a la vejez.
En la pesadilla que se puede leer decía… Yo de niña salía con pequeños brincos de mi habitación para ir a jugar a la plaza con las nenas a la manzana en la hora de la siesta. Con mi elástico en las manos esperaba sentada en el descanso de mármol de la puerta de casa. El sol era agobiante en el verano argentino. La brisa de entonces parecía que venía de la ventana del infierno, la tierra que revoloteaba se pegaba a los poros de mi piel y me producía fiebre. Yo sedienta de algo fresco, entré por el camino anterior para tomar un vaso con líquido. Al volver de la cocina a la puerta, precisamente en el zaguán encontré una carta. Brillaba en el cemento dejándome ciega por instantes. “Es una mala pero que linda costumbre robar correspondencia, aunque no la robe, si el cartero no sabe leer la numeración no es mi problema”, se dijo divertido su cerebro sin exteriorizarlo. La casualidad había generado que no estuviera presente en el momento que el cartero dejara la carta. Me senté en el mármol de espera, que para mi fría alegría, parecía congelado. No pudiendo fingir su ingenuidad, miró el celeste pastel de arriba y agradeció no haber estado un ratito atrás apretujando el sobre con dedos emocionados entre su falda. Mis manos menos emocionadas se estiraron para agarrar el elástico que había quedado en mi sombra. Mi paso siguiente fue leer lo escrito. Mientras ella lee, yo les cuento que la carta estaba dirigida por una amiga de Natalia a otra amiga de la anterior nombrada. Una de ellas era la que iría a jugar a la plaza, la otra no podía salir por su baja presión por altura desmesurada. Sus aceitunas en la lectura se hicieron carozos de durazno con pupila con forma de interrogación.
La carta se titulaba: “Las pesadillas de nuestra amiga Natalia me tienen totalmente saturada porque no le encontré todavía un sentido a sus dichos y realmente exaspera que me las comente y sólo me habla de eso y no se su primo que me fascina, para mí que me tiene celos y no me quiere hacer gancho, ya me voy a vengar, ¿Vos me ayudas? Espero tu respuesta”. La emisora no había asistido a la clase de títulos cortos para cartas envenenadas de malos dichos. Una pena.
Mi psiquiatra recibido, (el no recibido es mi espejo, oyente de penas), me dio una clase del tema y su explicación fue contundente y reveladora. Para él las pesadillas son preocupaciones intensas y continuas. Es decir, los sueños son sueños y por eso aparecen desordenados y uno lo interpreta como quiere o conviene. La pesadilla es la pesadilla. Y ésta la sabes de principio a fin. No le agregas nada, no le sacas nada, solo pesa. Allí ella, Natalia, se veía vieja, sola, aburrida de vivir por no tener motivos. No se si les pasa pero uno siempre exagera, inventa o deforma la versión que soñó en un sueño y no el de una pesadilla.
Luego me veía desde la última fila del cine en la pantalla. Mi nacimiento, mi cuerpo violeta, el beso de papá en la frente de mi mami cuando me alzó la enfermera, un pedacito de mi cordón umbilical tirado al tacho, mi primer pesaje, mi primer llanto, mi primer diente, mi primer estornudo, la primera vez que use la pelela, mi bautismo, mis primeras Navidades, mi primer helado. Todo lo que no recordaba de mi infancia. Y así de un salto fugaz me vi egresar del secundario con el pelo espolvoreado de harina y chorreado de mostaza. Y pausa. Cambio de capitulo. Pantalla en negro. La imagen que apareció me dejo atónita. Yo estaba dentro del cuerpo de mi amiga que no me quería y que le mandaba cartas a mi otra amiga que me quería un poco. Desde el cuerpo ajeno apreciaba sin aprecio el entierro de Natalia, su entierro. Mejor dicho de su cuerpo, el alma es la persona. Me di cuenta que la vejez es la consagración del espíritu. Superándolo volví a mi y festejando mi cumpleaños, volviendo a la vida en la pesadilla y manteniéndola en un plano te tinte metafísico. Fue una terrible tragedia dentro de la victoria.
El despertador limpió la cera de su tímpano crepitando el descanso. Como un ovni voló hasta la flor que ríe con agua tibia de lluvia purificadora, todo para ir aceptable a su trabajo. Secándose el pelo y cepillando el alma, achinaba sus ojos pensando en la pesadilla. Sonrió tranquila, estaba nublado en el otoño.
Natalia vive hoy en día corriendo a su niñez, caminando serena su presente con algún buen tropezón y esquivando con un salto sin paracaídas a la muerte de la vejez en soledad.

viernes, 13 de julio de 2007

Natalia, sus colores.

Natalia tiene la gracia de no ser daltónica, sí sufre de miopía muy frecuente en los jóvenes aunque en realidad es hereditario. Sus padres son una pareja de miopes y para no perder la costumbre Natalia no se quiso quedar afuera sin verlo. Es por eso que debe y tiene que usar lentes para focalizar y descansar la vista a la hora de leer esto y escribir hasta la lista del supermercado.
A pesar de que parezca pesado usar los divergentes par ala lista de futuros alimentos adquiridos de forma honesta, esta cabeza dura que se está día a día pudriendo o humedeciendo con musgos ingleses, va con la lista un poco deforme por la visión sucia y así compra sin haber usado sus lentes. Llega a su casa y no malamente es catalogada por los otros miopes (aunque uno de ellos también con hipermetropía sin enterarse aún) con caras que le dicen, mala compradora.
No paso a contarles lo que compra porque no es mi intención escribir mal de la muchacha. Pero como mínimo ejemplo para que ustedes vean quiso comprar una vez, no muy lejana, un paquete de yerba sin palo y trajo pañales talle extra large, también sin palo. Gracias a jeús no tiene la fortuna o locura de hacerlo compulsivamente como ricachonas de casas aledañas sino no podrían deleitarse con ricos y dulcemente amargos pañales los cabecitas negras. Modestia apartándose se jacta de ser una gran cebadora… de mates de tiro largo, tan largo que compra extra large. Si la ven por Corrientes (avenida) o Bánfield (avineda) no le pille el matecito.
Otro grave problema o aptitud no muy apta es su inconveniente con los colores. ¿Qué le sucede con los colores? Tantas, tantisimas cosas. El caso más negativo para ver es que detesta algunos colores o no sabe combinarlos. Una vez con rabia de doga argentina sin pedigrí me dijo que para nada le agrada el color rosa, rosita, rosadito o rosa mosqueta. Encima en su familia la miope mayor, podríamos llamarla así por sus lentes de fondo de damajuana, se llama Tía Rosa, Rosita o con atino de bronca de su sobrina es nombrada a escondidas como Mosqueta, la tía ciega, chueca, pet… pel… per... versa esa era la tía vieja. En mi caso ya no me gusta mucho el celeste, celestito, celeste bandera o celeste mosquito. Esto no tiene un sentido claro, tal ves hayamos madurado (se forma una media luna en la boca que mira el cielo pero de sabor irónica), menos mal que está negro y no celeste o rosa.
Los colores tienen obviamente vida propia. Aunque nosotros juguemos con ellos a piachere propio de cada uno, ellos se pueden vengar y así ganar la publicada lucha metafísica. Los colores tiene vida y al tenerla tienen todo lo que nosotros tenemos en la nuestra. Es decir se aman, se pelean, se idealizan, se confiesan y nos sufren. Los artistas plásticos de contextura cartilaginosa y piel tibia tienen el poder y la sabiduría de manejar a los colores o mejor dicho de dejarse guiar sobre el lienzo.
Natalia no los sabe manejar y ella no entiende de ni siquiera los murmullos secretos de los susodichos. Es un grave inconveniente no saberlos combinar. Los colores tienen algo que nosotros… Sí, su inteligencia es tan superior a nosotros que siempre ellos eligen a sus enemigos o a los que no quieren tener muy cerca. Nosotros cosechamos enemistades lamentablemente sin casting previo. Tendríamos que instruirnos en la materia o sacar números en Enemy S.A.
Un día invitó a que la acompañen a tomar unos amargos y platicar de sus idiosincrasias a Blanca y Negro, una pareja de ya muchos años, que le contaron como actuar con sus familiares y/o conocidos. Blanca con su voz ronca le recomendó no tener en cuenta a algunos como por ejemplo el gris plomo o amarillo mufa para los artistas. Luego con la boca llena de pepas, dijo la verdad que estaba esperando. La sorprendió diciéndole que tiene que hacer algo muy importante para ver si la elección fue clara (referida a la mezcla de colores).
Primero vestirse con la combinación que le parezca más apropiada. Segundo pararse enfrente del espejo y animarse a ver lo que reflejaba. Tercero si sigue convencida tiene que pegar brincos con zapatos con suela de resortes. Si los colores se amalgaman bellamente es correcta la combinación. Si no se unifican naturalmente y se oye algún grito de alguno, que se olvide de lo que tiene puesto y se cambie la prenda que no se quiere mixturar y formar así el deseado efecto óptico.
Negrito como lo llamaban los amigos, no dijo muchas cosas relevantes. Solo agradeció los mates y se levanto de la silla, acarició el mantel con mano de obrero y se quedo en blanco. Solo pensaba en tomar su vaso de leche con canela y ver películas de guerra en el crepúsculo vespertino con el pijama. Para despedirse le dijo cariñosamente a blanca, negrita vamo pa casa. Blanca suspiró aplaudió tres veces la mano de Natalia que estaba al lado de la pava para calentar la mano y le sonrió asintiendo la partida.
Para despedirme y ser cortés, dijo el Negro, comento que el Dios de los colores, es decir el T-r-a-n-s-p-a-r-e-n-t-e, a sotto voce le sopló que en esta temporada invernal el color elegido como empleado del mes será el “Marrón”.

Natalia, sus cantos.

Esto en primera instancia puede llegar a tener un doble sentido, pero no es este el fin de las próximas líneas con letras. Natalia tiene como una de sus disciplinas predilectas entonar canciones o melodías sordas, mejor dicho ciegas. Su imaginación genera en ella hermosas composiciones improvisadas pero para no callar el encanto de ese momento se olvida por su frágil memoria lo cantado y el mundo se lo pierde. Lamentablemente se lo pierde.
Yo me pregunto ¿Porqué no perderemos escuchar las sirenas excesivas que apuran el tránsito, despiertan las bocinas de los demás automóviles y generan un tapar las orejas con bronca o los chillidos del subterráneo en las curvas muy curvadas o los truenos estrepitosos que hacen que la habitación con luz tenue se tiña de terror o los gritos en la madrugada del linyera del barrio al tener pesadillas o llantos en los colectivos de nenes malcriados e incansables o petardos explosivos en la tarde siguiente a la Navidad? En otro momento hablaremos de esto, quizás los escuchen y se acuerden de mí.
Natalia no canta por cantar no más. Canta por lo que se debería hacer en todas las ocasiones. Desahogar penas, ahogar personas. Hacer enamorar a la razón y la pasión. O alguna otra idea que ella no me ha balbuceado todavía. Natalia antes de cantar sus sonatas o inventarle melodías a mis poemas hace su ejercitación para despertar a las cuerdas vocales que deben dejar de bostezar para así cantar o en mi caso intentarlo.

Como dije antes canturrea para sacar a la luz (nunca canta a oscuras) sus sentimientos, sus momentos o sus… aquí nos pusimos a bucear y las burbujas que salían de su boca se rompieron pero calladas y no nado así el mensaje.
Hay siete formas claras, conocidas y estudiadas de entonar y hacer los ejercicios pertinentes. Pueden ser en Do, Re, Mi, Fa, Sol, La y Si (decir esto ya suena distinto a todo lo demás, si lo piensan lo acaban de cantar), también se puede hacer como lo leyeron algunos o cantaron los otros, pero empezando del Si nunca del no. Lo que no esta permitido ni por Chopin, Gancé, Debussy o algún entendido es variar o intercalar y así no hacer como se debe el ciclo de Do a Si o de Si a Do. A mí me gusta romper las reglas pero de madera o plástico verde, no de música.
Natalia no lo sabe y es por eso que lo escribo, cuando entona sus ejercicios manda mensajes invisibles a las musas (en invierno) y moscas y gorriones (en verano) que bailan con los sonidos a flor de aire, a veces los gorriones acompañan silbando.
Cuando entona el Do esta claramente cantando a las flores del dolor. Cuando entona el Re esta claramente cantando a las flores del rencor. Cuando entona el Mi esta claramente cantando a las flores del milagro. Cuando entona el Fa esta claramente cantando a las flores del fastidio. Cuando entona el Sol esta claramente cantando a las flores de la soledad y los días nublados a la simple clave de sol. Cuando entona el La esta claramente cantando a las flores del lamento. Cuando entona el Si esta claramente cantando a las flores del silencio. Shhh… Si la última flor permite que me oiga le digo por cierto que sus cantos son lindos.

jueves, 5 de julio de 2007

La poetisa.

Intentaba ignorarte a toda costa. Recurrentemente en mis sueños aparecías. Danzabas vivamente entre corales ocres luminosos y húmedos pozos. Vestías con falda de algas e inquietantes rosales. Tu cuerpo seguía languideciendo como un trébol sin mascarilla. Tu razón era esquiva porque cuando me ibas a susurrar la verdad me despertaba. Te aburriste de tu soledad y me viniste a capturar. Me queres llevar. Me queres contar. Me queres ahogar. Me queres irremediablemente. Alfonsina dejame estar un poco más, no me busques. Yo solo iré para allá cuando el dulce daño concluya.

¿Malhumorado yo?

Lamentablemente lo reconozco soy malhumorado. Es algo que a veces es justificado otras veces también pero sin un motivo tan claro. Por pequeñeces, malas actitudes o ganas de decir acá estoy, me brota este sentimiento o actitud que todos llevan consigo. Aunque ahora frunzas las cejas y formes las arrugas de la frente y se te achinen los ojos queriendo negar que sos en ocasiones malhumorado.
Es una situación que genera un alerta especial en mi y creo que en todos. Estamos más sensibles a cualquier suspiro exacerbado, cualquier mirada sofocante y ni hablar de cualquier comentario que se elabora con intención de que no se perciba claramente aunque es muy difícil que eso suceda. Se necesita demasiada astucia del elaborador y demasiado desinterés o pocas luces del malhumorado. Sordos abstenerses os gentes con toscanos llenos des ceras en los tímpanos o pabellones auditivos fueras des concursos.
Yo soy malhumorado, porque son malos mis chistes. Pero con mucho humor ya que me río (sin agua y/o alcohol) todo el tiempo de todos.

Son-ata, sin son pero te ata.

Esta es la sonata del amor que no fue,
la utópica realidad del ayer,
la mágica galaxia en donde navegué,
la libertad con que andaban mis pies.


Esta es la melancolía cosechada,
la terrible memoria sofocada,
la apagada bronca de la derrota,
la inconclusa mutación de la evolución.


Esta es la extravagante resignación,
la untuosa reflexión del desamor,
la enfermedad que nunca se cura,
la maldición seca de tu boca húmeda


Esta es la guirnalda del engaño,
la espantosa locura del corazón,
la herida sangrante sin resquemor,
la cándida negación del error.


Esta es la inspirada reacción del dolor,
la intacta mirada de almas engañadas,
la chicharra que nos avisa las malas,
la gracia apoyada con palabras despojadas.


Esta es la vanidad no fundamentada,
la pasión de tu perfume amargo de gata,
la grata vuelta del afecto a la cama,
la grata vuelta del afecto a la mano.


(Todo esta relacionado con el amor que idealiza el autor. Intento ser una cancion, pero sin saber de musica no se puede hacer canciones.)

domingo, 24 de junio de 2007

Receta.

Por la incomprensión ajena que siempre generan mis dichos le pido que tome lápiz y papel (no sean tan tecnológicos de usar maquina de escribir) y escriban:
Incisión petulante.
Dillon esparcido.
Ahumado sutil.
Pierna mutilada.
Maquina dorada.
Corazones húmedos.
Ojos verdes.
Todo en necesaria cantidad,Si gusta como yo.

Para los faltos de imaginación no tomen lápiz ni papel sino preste atención y repítase lo que comentare en los próximos renglones. Pan francés recostado en mesada de mármol. Cortarlo con serrucho en su forma clásica más conocida. Luego colocar la parte superior boca arriba de la misma forma en la que se haya la otra mitad. Espatular lo más parejo posible la mostaza o lo deseado por ustedes, pero respetando siempre la misma consistencia de origen. Este paso pudo haber sido postergado antes de haber realizado la primera mano de pintura. Si lo desea se puede sellar con un poco de calor para fijar las aguas internas y quitar toda humedad de espera. No se exceda ya que se puede lograr un color oscuro que no se podrá matar más del techo del pala dar. Aquí viene una parte un poco escabrosa. Debe intentar rasquetear o lijar toda la grasa alojada en la pierna ya mutilada. Si es de mala calidad la pierna la longa de carne óptima, será imperceptible porque el sobretodo que era la grasa era sobrepeso en la masa total. Un mar del plata rasurado de costra de arena y timidez de mar rojo. Corazones bien húmedos o secos bien humedecidos en oliva. Si son en con case y sin semillas ni arterias chorriantes de dulce. Ojos ni muy chicos ni muy grandes. Y sin pupila o pupila roja que no este en rehabilitación. El primer beso mordisco hágalo temeroso. Como si estuviera por darle un beso a las encías sin la dentadura postiza de su suegra. Además si piensa que es bella pebeta argentina (no piense en muchachitas árabe o de la isla salvado), se le terminara desparramando todo el meticuloso proceso anterior. No se empache, con uno bien cargado es suficiente. No coma pancho.

Mor Cilla; su cheff amigo.

Un tal lucas, mi segundo capitulo. (SOY)


SOY mentiroso profesional sin estudiar,
monarca de tu anarquía metafórica,
ideólogo de la verdad escondida,
melancólico de tu poesía escrita.


SOY el techo con humedad de tu mundo,
creador de monstruos ajenos sin rumbo,
místico pero sin dios y mezquitas,
amante de las casadas y sus primas.

SOY empresario de lo incompleto,
silencioso cadáver erecto con pesto,
inoportunamente me hago feliz sin ti,
transformado en ávaro para sobrevivir.


SOY locutor de tus locuras oscuras,
terribles noches con largas torturas.
La comedia para eludirse a uno mismo,
la pena que no tiene fin en su inicio.

SOY crítico de lo poco discutido,
jugador compulsivo del amor fortuito,
perdido si me busco en mi mismo,
ahogado en tu llanto divino tinto.

domingo, 17 de junio de 2007

La pasión de Lurdes.

Mudando su esperanza vivió toda su vida. Todo parecía estar en su contra: el cáncer, las drogas, la depresión y la vida de mierda que acarreaba la habían matado antes de morir. Lejos de sus tempranos años había quedado el deseo de ser alguien en la vida no solo una nena linda. Tenía dieciocho años cuando le decretaron el cáncer en su joven útero que no era virgen. Las drogas la llevaron a un túnel sin final, prefería morir antes que la matara la enfermedad, pero no lo hacía consciente.
Vivía de forma desordenada para escaparle a la depresión que generaba su soledad. Su alma nómade la llevaban de la casa de sus abuelos en Lomas, a la casa de su papá en Ballester, a la casa que había alquilado con una amiga en San Telmo, quien luego la abandonó. Estos eran los lugares en donde se la podía ver. La casa de su madre ya no contaba, estaba enterrada en la Chacarita y no merecía que llamen casa a su tumba. Sus hermanos eran tres, y sus respectivas familias se murieron cuando se murió la madre de los cuatro hijos.
Cocaína, marihuana, cóctel de pastillas antidepresivas y algunas copas de sustancias etílicas, para escaparle a todo. Su vida viajaba de las sombras al infierno, del infierno al purgatorio y del purgatorio a las sombras del infierno ya que su alma no era considerada justa. Las malas compañías no destrozaron su vida, ella sola se encargó con increíble fortaleza. La quimioterapia la había dejado con la cabeza desnuda, la cara hinchada y la piel con algunas manchas perdidas. Las pocas amistades iban desapareciendo junto con su vida. Los conocidos le daban la espalda y no para que se apoyara en ellas. Su padre seguía muy ocupado en su taller mecánico, no tenía tiempo para nada ni nadie, solo los domingos iba a tirar un ramillete de jazmines de estación, o margaritas en el invierno, en la tumba de su mujer. Los enemigos le tuvieron piedad y ya no lucharon en su contra, la ignoraban por lástima. Sus hermanos parecían estar en otro mundo, ni siquiera una llamada, una carta o un rezo. En fin todos bien, gracias, menos ella.
Los días se le hacían cada vez más pesados. Su frágil estado lo hacía todo mas pesado. Lento pero constante fue perdiendo capacidades motrices, ya ni sola se podía bañar. Una noche con el cielo rosado precipitó lo que todos esquivan, el comienzo de la muerte. Se desveló sin recordar lo que soñaba. Tan malo era su estado que ni siquiera soñaba. Su putrefacción interna era ya inimaginable. Las sábanas color carne eran lo más vivo que tenía cerca. Y tan vivas estaban que les brotaban sangre, como si las hubieran apuñalado. Sentía un calor interno demasiado fuerte, era fiebre. Señal de que algo malo sucedería. Tomo el teléfono que tenía en su mesa de luz. Casi desvanecida llamó a la enfermera que le curaba las heridas y la bañaba.
Acudió lo más rápido posible, la enfermera empezó a desesperar, la llave parecía no querer girar. Luego de la mínima lucha logro entrar. El cuadro no era alentador. La joven Lurdes estaba en su lecho tiritando, los ojos con un fondo gris y su boca entreabierta se mostraba seca y pálida. Su camisón estaba impregnado de sangre amarronada y de un intenso olor a agonía. Miriam, la enfermera, entro en estado de shock. No podía creer lo que veía, olía, sentía, pensaba y presentía. Lurdes con una voz apagada, le dió las gracias por acudir tan rápido en horas tan tardes. Le pedía perdón a la enfermera que no estaba escuchando lo que le decía. Tomó el teléfono que tenía manchas de sangre de su paciente y llamó a la emergencia más cercana. Pasaron diez minutos que fueron eternos: demasiado.
Golpearon la puerta y Miriam derrapó por atolondrara. Se presentó un gordo con pronunciadas ojeras y poca voluntad para actuar rápido. Miriam lo tomó de la muñeca izquierda y le apuro el paso hasta la puerta de la habitación. El gordo dormido, se transformó en un hombre despierto y mas ágil de lo que aparentaba, así son todos los médicos. Se abalanzó a los huesos que formaban ese pobre cuerpo de mujer y comenzó a revisarla. Luego de un par de minutos, giró su cabeza y pronunció la primera palabra. Corra, corra hasta la puerta, llame a Luis, el chofer de la ambulancia, y dígale que esta paciente debe ser internada de urgencia, sino morirá.
Lurdes no estaba inconsciente, rompió en débil llanto. Susurraba que no tenía más fuerzas para luchar contra nada. El médico, que ahora ya más querido por todos, le acarició su cabeza rasurada y solo le dijo: tranquila, vos podés, todos podemos. La camilla ya estaba preparada en la puerta de la habitación. Lurdes, tan liviana, fue alzada por el médico gordo y llevada al hospital que quedaba a quince minutos de su casa. Quimioterapia, transfusiones, visitas médicas, terapias de enfermos y chequeos hacían que para Lurdes fuera su segundo hogar. Pasaba más tiempo allí que en su propia casa, pero su casa era más de su agrado.
La terapia intensiva la acogió luego del viaje. Fue sufrido porque a pesar de su estado sintió el rigor de la velocidad que alcanzó la ambulancia. De inmediato fue pasada de la camilla a la cama de colchón duro y ruidoso de la habitación del hospital. Millones de cables la acompañaban además del ruido seco y oscilante del pi, pi, pi. Por supuesto que Lurdes estaba tranquila si lo seguía escuchando, eso era vida. El suero no era difícil de colocar, su vena ya había acostumbrado a la aguja y le indicaba fácil el camino.
El fibroma sangrante que hacía bastante que estaba alojado en su útero seguía escupiendo sangre. La pérdida era insostenible. Las transfusiones no daban abasto. Parecía que la sangre que entraba regalada por las cánulas se escurría velozmente sin pedir permiso. El pronóstico no era desalentador. El pronóstico era terminal. Lurdes lentamente iba perdiendo la lucidez, la fuerza, la calma, la vida. Su alma estaba más sola que nunca, nadie la podía ayudar en la pulseada que jugaban la vida y la muerte. Un silencio seco con tempestad cayó en la habitación.
El entierro fue dos días después, por suerte Lurdes murió con una sonrisa entre los dientes. La familia entera se volvió a juntar. Pero solo fue una pantomima por una nueva muerte. Lurdes ingenua lo creyó. No pasó por el infierno ni por el purgatorio. Su viaje fue directo a la nube con forma de corazón del cielo parcialmente nublado. El mundo parecía que se había complotado contra su persona. Ella había complotado por la unificación.

sábado, 9 de junio de 2007

Carbón.

Mi culo pesado se sentó sobre el frío y cortante pedazo de madera blanca que no es mas que una boca de peje rey. Ya acomodado desplegué el periódico como si fuera una sabana manchada sobre mi cuerpo. Los pelos de los muslos y antebrazos se crisparon por segundos. Los pies se cerraron como albóndigas y no como las típicas empanadas calabresas de la región. Las mariposas de la panza comenzaron a escupir sin reparo en mi, toda la sal y el azúcar. El tercer ojo se abrió vomitando sostenido aunque aveces se ahogaba. Recobraba fuerzas cerrándolo, se volvía a abrir y el empujón del espíritu que lo precedía era mayor que el inicial. El agua turbia no cesaba y al chocar con la saliva de la boca salpicaba para todos lados ensuciando mi culo, mi cuerpo, mi sabana y mi honor. ¿Todo esto hay que vivir por no comer un insignificante diamante de carbón?.

jueves, 31 de mayo de 2007

simple.

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jueves, 24 de mayo de 2007

Encuentro.

Soñé mucho con este momento. Lo imagine varias veces y todavía lo hago. Te conozco por lo que vos me contas y por alguna idea que se desprende de mi. Apenas nos conocemos las voces, pero cada uno ya coloreó el alma del otro. Y mi mundo se detiene con tu presencia aunque nunca estuvimos tacándonos la piel.
Te esperaré en la esquina acordada. El tiempo parecerá manejado sigilosamente para hacernos sufrir, hasta que le ganes y llegas a mí. Me imagino un saludo cordial; mezclado de inquietud, euforia, miedo y duda a lo que le seguirá a este comienzo.
Un beso que une nuestras mejillas por contados segundos y al instante de la separación mi cara enrojecida por timidez acumulada y la tuya tal ves. Mi voz entrecortada de nervios y la risa de ambos por no saber que decirnos. La mirada gacha, las manos sudadas y frías y la ansiedad que produce borbotones de palabras amontonadas sin sentido alguno.
Vos llevarías el ritmo del encuentro, yo gentilmente te lo regalaría. Tu panza hará ruido, como si hubieses comido mariposas antes de viajar a mí. Tu boca internamente estaría seca y merecería que le hagan un fresco y no al óleo. Los corazones de ambos agitados, miedo tal vez.
La luz de la luna sobre el río nocturno nos daría un tono romántico aunque no lo busquemos. Tu pelo con olor a viento y tu adoración por cualquier cosa que te diga aunque no tenga un fin claro, ya descubrirás el mensaje oculto. Tu risa fuerte y contagiosa, mi carácter cabrón y tu elocuencia intrépida al hablar de mí con gestos angulosos y de fuerte presencia.
Ahora vuelvo a recordarnos. La soledad que nos acompañaba hizo que nos diéramos la mano y nos perdimos juntos para no volverla a encontrar. Un abrazo fundió una unión entrañable de nuestros espíritus que tanto tiempo atrás lo pretendió. Un suspiro con las dos voces a dúo, los pulmones desinflados de tanto aire despedido, y revolcarnos en el pasto con rocío, disfrutando luego de los nervios antes contenidos.

viernes, 11 de mayo de 2007

La lágrima de Carolina.

Una lágrima salada y tibia se desprendió hasta toparse con la cadera de la nariz. La gota funcionaba por ese entonces como una lupa que aumentaba ferozmente las pecas esparcidas y perdidas por la piel. El choque fue tan intenso que la disparó a la mitad del recorrido anterior. Luego en cámara lenta volvió a nacer como un salto mortal de las remotas alturas. Como hacen los orientales cuando se lanzan del precipicio clavándose en su fin felizmente cubierto de agua. La salada y ahora fría gota del sollozo iría a nadar al surco, que se forma contorneando la boca ajeada de tanto tragar humo. La lengua gris hambrienta de sed, la devoraría de un soplido comprobando el sabroso gusto. Fue tal el deseo de seguir tomando ese líquido, que los ojos marrones les pidieron a las pestañas que se incrustaran en ellos para que abran la cascada del llanto. Este no era ni de felicidad ni de tristeza, solamente gula.

Adíos Robin Hodd.

Escupía a borbotones la sangre que salía entre sus dientes. El martillarse la flecha en la sien no fue la mejor idea para matarse. La agonía duro más de lo esperado.
La sangre se detuvo, luego comenzó a reír y cantar. Se miró en el espejo y no se reconoció. Se puso a llorar. Se desnudo. Se quito el disfraz y se puso el que lleva todos los días.

Trinomio de muertes.

La sociedad es una célula que ataca vilmente y sin dar respiro. Por cualquier motivo o circunstancia lastima y encima: no piensa un solo segundo si eso lo vivieran ellos.
Ahora ¿que es peor: la muerte física, la muerte espiritual o la muerte intelectual?
La muerte física es el fin, no cabe duda de eso. Lo terrible es que no se le puede escapar y no se sabe que pasos le siguen. Lo que menos me gusta de ella es que no solo afecta a la persona fallecida, sino a su entorno.
"En algunos casos los muertos matan a algunos vivos que se creen vivos por matar".
La muerte espiritual es nada más y nada menos que la perdida de la fe. Esta es la que menos lastima pero se es un muerto vivo. Genera y engendra una gran tristeza que acompañara a esa persona herida hasta sus últimos días. Se puede ir a cualquier institución religiosa como templos, mezquitas, iglesias, parroquias menores y demás, aunque será en vano.
"Es la gran obra de dios".
La muerte intelectual es ya no ser capaz de racionalizar. Implica la carencia de los valores y la exacerbación de los sentimientos más malignos que los seres humanos pueden tener. A esta altura es a la que más hay que tenerle miedo, además como lo indica su nombre no se puede emplear la inteligencia en cualquier disciplina.
“Muere el cerebro, muere el deseo y sin razón”.
Lo único que puedo decirles como camino que vislumbro en la penumbra es el suicidio. Ya que no matas dos pájaros de un tiro, sino tres. Y a dormir que la muerte es un sueño eterno.

martes, 8 de mayo de 2007

Me arranco la sonrisa,
yo te hablo sin prisa.
Digo todo despojado de risa,
te miro fijo y tu me esquivas.
Amenazas con partir de mi vista.
Corres alocada tan lejos de mi vida.

sábado, 21 de abril de 2007

¿Tenes?

Si tenes hambre no hay nada mejor que comer. Si tenes frío no hay nada mejor que abrigarse. Si tenes sueño no hay nada mejor que descansar. Si tenes curiosidad no hay nada mejor que preguntar. Si tenes amigos no hay nada mejor que disfrutarlos. Si tenes tiempo no hay nada mejor que aprovecharlo. Si tenes desafíos no hay nada mejor que arriesgarse. Si tenes talento no hay nada mejor que regalarlo. Si tenes convicciones no hay nada mejor que sostenerlas. Si tenes ambiciones no hay nada mejor que concretarlas. Si tenes miedos no hay nada mejor que enfrentarlos. Si tenes libertad no hay nada mejor que contagiarla. Si tenes alegría no hay nada mejor que exhibirla. Si tenes enemigos no hay nada mejor que respetarlos. Si tenes opuestos no hay nada mejor que mantenerlos. Si tenes amor no hay nada mejor que ejercitarlo. Si tenes todo puede ser que algo te ande faltando.

Nace y muere.

Un dios nace, un dios muere.
Una mujer nace, una mujer muere.
Un hombre nace, un hombre muere.
Una pareja nace, una pareja muere.
Un niño nace, un niño muere.
Una familia nace, una familia muere.
Un viejo nace, un viejo muere.
Una compañera nace, una compañera muere.
Un juego nace, un juego muere.
Una fantasía nace, una fantasía muere.
Un silencio nace, un silencio muere.
Una distancia nace, una distancia muere.
Un lamento nace, un lamento muere.
Una fiesta nace, una fiesta muere.
Un recuerdo nace, un recuerdo muere.
Una felicidad nace, una felicidad muere.
Un deseo nace, un deseo muere.
Una metáfora nace, una metáfora muere.
Un milagro nace, un milagro muere.
Una guerra nace, una guerra muere.
Un sentimiento nace, un sentimiento muere.
Una palabra nace, una palabra muere.
Un pensamiento nace, un pensamiento muere.
Una margarita nace, una margarita muere.
Un horizonte nace, un horizonte muere.
Una lluvia nace, una lluvia muere.
Un corazón nace, un corazón muere.
Una respuesta nace, una respuesta muere.
Un personaje nace, un personaje muere.
Una hormiga nace, una hormiga muere.
Un mundo nace, un mundo muere.
Una disculpa nace, una disculpa muere.
Un vendaval nace, un vendaval muere.
Una ciudad nace, una ciudad muere.
Un destino nace, un destino muere.
Una furia nace, una furia muere.
Un desliz nace, un desliz muere,
Una perdida nace, una perdida muere.
Un amor nace muerto.

Metaforica distancia.

Son marionetas unidas por los hilos del destino,
creaciones incompletas sosegadas por el tiempo,
misterio y criterio de mentes brillantes,dementes brillantes...
Desconocidos hasta de ellos mismos
respondiendo falsos interrogantes de vida en pañales,
sabiendo que ellos solos son el destino,
sin conocer a ciencia cierta de su existencia.
Tan sólo el espejo transparente da cuentas a sus molestias,
la careta no cae al suelo ni siquiera cuando se desnudan,
las ventanas juegan con ellos el papel de una puerta entreabierta,
incitan a su inspiración, a su creatividad,
a tirarse y matarse de una forma estúpida.
Quizás se encuentran ahogados en recuerdos inherentes,
tal vez sucumben ante sus viejos instintos
tan sólo remarcan las heridas bordadas suavemente.
El inocente niño aclamó, "Ya no me prestes más atención"
"Deja de jugar conmigo" replicó la niña,
y entre risitas burlonas, juntos y en silencio
decidieron empezar a transitar el angosto camino
uniendo las palabras distantes
compartiendo lo que juntos compartirían.


Esto a sido una creación de la señorita Victoria amiga que
el destino me puso frente a la nariz y no desaprovechare.
Y la humilde y escueta idea de quien les escribe en este blog.
La chica vintage como siempre una de mis musas, besos afectuosos.

Un tal lucas, mi primer capitulo.

Lucas:
Soy humildemente soberbio.
Soy generosamente avaro.
Soy moderadamente lujurioso.
Soy pacientemente colérico.
Soy templadamente goloso.
Soy bondadosamente envidioso.
Soy activamente perezoso.
Soy esto y mucho más, pero lo demás no lo conozco todavía.

Corazón con agujas.

Todas las personas tienen corazón, por más que algunos pareciera que no lo tienen. Sin lugar a duda es la máquina más perfecta y apasionados del ser humano.
Algunos corazones son vigorosos, fuertes, ruidosos, grandes y molestos. Otros en cambio son débiles, insulsos, discretos, chicos y molestos también. El corazón es uno de los objetos más conocidos y vulgares de este mundo, es nada más y nada menos que el reloj.
Los relojes habitan por todas partes, laten por ahí aunque no lo veas. Desde la distancia mas complicada de vencer, que es de la mesa de luz de uno y su propia cama hasta lugares públicos como oficinas, canchas de tenis, carteles publicitarios en avenidas (son eléctricos) o bares del centro entre otros.
Yo por lo general uso el reloj en mi mano izquierda, desde hace años que solamente se muere cuando me voy a bañar ya que no es sumergible y si lo fuese, la correa que lo sostiene a mi muñeca al humedecerla se pudriría y moriría.
Por lo general la gente usa el reloj de mano en la mano contraria con la cual se escribe o se es más dúctil, aunque como toda regla, siempre hay gente que las distorsiona y las rompe.
Entonces, la gente que usa relojes de mano en la mano que es más dúctil y escribe es un degenerado que además nunca será aceptado por la gente de mi mundo.