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martes, 17 de mayo de 2011

Natalia, sus corpiños

Que bien que baila. Esa música Forró. Che, no es un chiste, ni un insulto, ni una vulgaridad poco preservada, es una danza brasilera. Levanta hasta los vivos que se están muriendo, con esa alegría que se respira en Brasilia y en su mundo privado de privacidad.

Natalia baila bien, cuando se anima a bailar bien. Cuando su alma se desprende del cuerpo tenso y así, relajada, lenta, prohibida, aflora la pasión por la música y la ductilidad para mover los pies tan veloz que uno piensa o que no los posee o que se quebrará. Que se pierden en el sueño que va perdiendo luz. Que las rodillas no dividen sino que juntan. Su espontaneidad la hacen asemejarse a un cuerpo laxo y arropado en una melancolía de milonga que siempre le da un toque de distinción requerida en vano pero lamento informar que la señorita Natalia no da clases particulares ni tiene intención alguna de hacer fácil el trabajo interior de quien quiera bailar.

Si la observan con atención Natalia presiona fuerte los dientes (postura similar a cuando se intenta abrir un sobrecito de mostaza) y su cabello baila al compás (sí está lacio o lo quemó con una plancha de hierro, el rulo siempre hace jugar malas pasadas a las jóvenes). Su vestido se levanta como una flor vencida por la gravedad grave de un instrumento que desentona pero bien. Y Marilyn refunfunea por plagio pero al final sonríe como mera costumbre. Arriba es la única diva de veras.

Las palmas chocan en un golpe seco y repetido por la inercia del espectáculo que no ha sido ensayado con solvencia. Pero nadie lo nota. Los tobillos quedan rojos, las uñas de los pies se aflojan, pierden o dejan esa postura contraída por la inteligente decisión de preservación (siempre hay un piringuindin que te pisa los garfios y ahí aléjate de Natalia porque te aplaudirá la cara).

La noche de anoche fue un día más. Amanecía en un baño con espuma. Antes de mecerse en la tina infinita de finales lastimosos: se detenía. Reía apenas con su boquita color carmín y restos de desamor acumulados en la comisura. Se quitaba el collar de perlas, las pestañas postizas, el tampón y claro la cabeza. No literalmente sino como una maldición teatral. Al principio entre miedos y valentías... y cansancio por la contradicción antecesora... llegaba lo peor, pero lo nuevo se vuelve viejo en un cerrar de ojos provocado por el agua pasada de una tina sucia y revuelta.

Ella soñaba que estaba en el escenario siempre, que la gente se ponía de pie cuando le caía esa lagrima de amor y a la salida del baño incesantes fotógrafos que se sonrojaban porque claro... aparecía la diva. La terrenal. La que quemaba rencores con besos fogosos. La de la piel chamuscada de dedos esponjosos de humedad. La que no quería competir y compartir chismes. La loca linda a la que los analistas le huyen. Y ahora aplausos, más aplausos (por favor), seguían bien los aplausos desincronizados ya en el final. Las luces que ciegan un lascivo recuerdo venerado en un campo que no concentra huesos frágiles y mal olientes. Y ella que salía ahora vestida así nomás por un nuevo corpiño. Se lo olvidó cuando soñaba y el agua lo hizo agua.

domingo, 18 de octubre de 2009

Natalia, sus antes

Pero ella sabe que sabe lo que sabe. Fue antes.
¿Antes qué? El tiempo, el viento, el brillo. Siempre supuse que la vida sería mucho más fácil sin pensar. Para mi mismo. Y sin recibir reproches. Para otros. ¿La vida sin pensar, sería vida? Pero ella sabe que sabe lo que sabe. Fue antes.
La búsqueda siempre Natalia, cuando es a fondo, genera un estado salvaje que no perfecciona al ser o estar. O al estar siendo. Mis complicaciones solo se me complican a mí. Antes. Natalia y antes.
Pero ella. Fue antes. De muchas cosas se supone no saber. Pero ella sabe. Fue antes. Como ella, tan triste, hay muchas personas. Comprendo que daría una sutil alegría reconocer que la tristeza es una pizca más de momentos que serán tuyos. Nuestros. Y ahí está. Pero ella sabe que sabe lo que sabe. Fue antes.
Seremos esa hoja que se desprende y viaja desprejuiciada. Sin pesos, esperando un buen final. Pero ella sabe que sabe lo que sabe. Fue antes. Que yo sepa que la muchacha pinta sus uñas de historias es saber como ayer lo que no quise saber ahora, o mañana temprano.
Pero ella sabe que... fue antes. Refresca o recrea fantasías de amores ancestrales o dibuja miradas con disimulo que refleja astucia o traición. (Pero ella sabe que sabe lo que sabe). ¿Fue antes?
Poder contemplar la melancolía que destroza. Los dientes terminando de pudrirse impunes. Pero ella sabe que sabe lo que sabe. Fue antes. Su piel secándose al sol junto a las cascaritas de cítricos (críticos). Fue antes. Los hombros y hombre que se vencen y se vence y esa fatal sexualidad que llora desconsoladamente en la necesidad de amor. Pero ella sabe que sabe lo que sabe. Fue antes. Después, Natalia antes. Pero ella ¿sabe que sabe lo que sabe? Fue antes de que lo supiera.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Natalia, sus inclemencias

Esconderse ya no era tarea tan sencilla, ni volver a empezar. De hecho el hecho de esconderse era ya un síntoma que no la conformaba. Desecho: no le importaba ser ya más una mínima forma de autodestrucción.
Nunca logró sentirse peor que una vaga verdad austera en lo incongruente de un pedazo de su alma aquejada por las inclemencias del tiempo que ajeno, siempre ajeno, es recuerdos de momentos preciados. Aceptando que siempre las tormentas pasajeras sin equipaje entre las manos de Natalia complican las cosas.
Y así y todo lo volvía a hacer. Lo volvía a arder. Lo volvía a haber. A repetirse, incalculablemente, en formas disímiles pero con un mismo fondo de ojos. Con la misma lágrima que bordeaba el mismo surco rozagante. Qué tranquila que me quedo cuando el corazón está latiendo siempre en el mismo lugar. Y que el miedo no llega tan rápido ahora también es un descanso activo. Y si sentís que las cosas están mal es lógico porque el pensamiento negro es así. Reposo absoluto. Bolsa de dormir para relajar las alas.
Sabés Natalia que cantar te hace bien con la casa vacía y la almohada volviéndose humedad por la presión de la boca que se mueve despareja sobre la vieja funda. Que reír tímidamente es un mecanismo de defensa a la defensa de ser feliz con las defensas bajas.
Que pensabas en tomar mate pero desistís cuando sabés que el hervor va a romper el silencio opaco de la cocina a oscuras y esperás a la pava que reclame a gritos calvos de agudos inimaginables porque el fuego se termine, porque la quemadura de primer grado será de segundo, porque te aturdís. Té con limón sin semillas, por favor. Edulcorante aunque sé que los orientales no agregan aditivos dulces a infusiones. Soy solo china cuando me despierta un niño lloriqueando en el medio de la siesta sagrada.
Y el cielo es verdad que te mira, me mira, nos desea y siente que con llorar un poco lo miramos a él. Y que la luna llena es tu estado de magia fugaz en consecuencia a que la noche es tu estado de pureza absoluta. Y que el sol es el guiño que necesitás para abrir los brazos lo más amplio posible para así salir a caminar en la mañana de fuego. Y que las nubes son tus espejos en déjà vu. Y que ahora que encontré el camino a casa es difícil pensar que las flores se marchitaran. Y el no dejar correr el agua también te lo entiendo.
Porque tu nobleza es tan noble que repentinamente lográs que la gente a tu alrededor se convierta en las palomas que rodean la fuente de tu agua maligna por tan bella. Son un imán mojado. Son inclemencias.

martes, 26 de mayo de 2009

Natalia, sus basuras.

Mugre, mucha mugre.
Y corro el mueble y más mugre. Telarañas deshabitadas y tenues con resabios de dolor. Suciedad que se esparce en el entorno cerrado. Partículas de polvo que flotan en el interior de una sombra inmóvil. No se despide a pesar del meta y meta franela. Y más polvo y achis... (menos mal que no hay eco que aturda).
La basura es tu laberinto sin edad ni cielo. Tierra seca que se pega en la piel de Natalia, casi limpia. Sube la fiebre eterna. Tu voz así se apaga, quedando sola y desconocida en el amanecer. Se bloquean tus poros y sácate, la conciencia sucia y estropeada. Anocheció.
Siempre vas a terminar barriendo bajo la alfombra.
Mugre, mucha más mugre.

sábado, 16 de febrero de 2008

Natalia, sus filaterías sobre literatura.

Todos y no permito que no lo asuman, cuando no razonábamos con todas las luces (quedan excepto los que siempre se conciben en la oscuridad) habían ciertas delicatessen rechazadas sin haberlas degustado. No se limiten a solo los comestibles, pero es más sencillo pensarlo en ese aspecto. Etcétera, aceitunas negras, alcachofas, crema moca, remolacha, aceto balsámico o algo más común como por ejemplo. Probar es difícil porque conlleva a rendirse… el que lucha por la paz quiere no pelear hasta que renacieres.
Natalia no se puede decir que sea esquiva a la literatura. Es especial como todo en ella. El primer amor, el más verdadero amor con las letras fue con su abuelo y los cuentos en las siestas. Siempre fantásticos, siempre con princesas que luego caerían reflejadas enfrente del espejo del baño grande.
Luego la literatura que más le gustaba eran los poemas del nene del fondo del aula. Le daba vergüenza, peor era que no pensaran y se esforzaran en escribir algo que pareciera tener una linda rima. Siempre que tenga intención en ella le da felicidad. Mucha.
Entre los años de colegio, el amor como todo en la vida fue decantando. Estaba pensando en otra cosa, perdón. Quise decir cantando. Me refiero a que era una gran lectora de los pequeños libros de los discos de turno. A cantarlos que leyéndolos se los comprende mejor.
Natalia leyó siempre lo que quiso. La biblioteca de papá y abuelos (anti discriminatoria) ayudo bastante. Un mediodía Natalia se decidió a escribir. Harta. Quería que no escribiera más sobre ella. Quería contar la verdad que nunca conoceré. Yo soy mentira. Se le rompió la mina del lápiz. Excusa para delegar sin fin.
Resumiendo, Natalia había leído mucho. Sonetos con estrambote de Petrarca eran los que más le causaban gracia, para románticos prefería a los poemas sinfónicos siempre de carácter descriptivo y la música la verdad la puede, pero la sonoridad cansa y si carece de sentimientos, carece, aparecieron entonces los primeros cuentos, la idea cerrada en un mundo pequeño, a veces un mundo real, pero lo pequeño si es real ya no interesa, lo palpable, lo que se puede conseguir desgana a cualquiera y antes de llegar a la novela, cartas personales de personalidades que están muertas y que publicas y publicadas no son nada, menos verlas en papel no original y allí llego la relegada novela, el mundo grande, muy grande, y con el condimento de mucha psicología y política que no gustaban en ella. La literatura no se puede poner a jugar para conformar a alguien.
Por esto mismo Natalia se decidió a encontrar la oración perfecta. Podía estar incrustada en un soneto, poema, cuento, carta u novela. La buscó en todo lo que tenía a su alcance. Se compraba libros que sabía nunca los iba a leer. Necesitaba saber que por lo menos los tenía. Es de las que no se rinde fácilmente. Fácil perdió mucho tiempo que por lo menos fue ganado en todo lo que leyó. Pregunta: Pero che, ¿Cómo debía ser la oración perfecta?
Oración corta, dos palabras. “Buen día”. Oración larga, más de dos palabras. “Muy buenos días mi querido, mate o café”. Oración con un paréntesis. “Muy buenos días mi querido, (deseaba llorar) mate o café”. Oración con puntos suspensivos. “yo…”.
La oración no aparecía. En realidad luego de tanto trabajar en encontrar la perfecta oración tuvo la revelación que necesitaba. Dormía ya con libreta rosada en la mesa de luz, por las dudas. Las genialidades aparecen sin parecer. Y durmiendo es el más parecer de apariciones. Se despertó. Tal oración es la que todos escribimos por primera vez. La que nunca recordaremos jamás.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Natalia, sus preposiciones.

Natalia siempre tiene ante cualquier situación la práctica de pensar en dos variantes. Para variar no son muy geniales, mucho menos elaboradas. O mate lavado o piazza a la piedra. O zoológico del Luján o Planetario de día. O bicicleta sin rueditas o caminata en hojotas. O talco floral o harina integral. O mamadera limpia o bombilla de aluminio. O figuritas repetidas o identidades equivocas. O programa de radio o programa de teatro. Aquí Natalia me suscitó que les informara que este texto puede ser leido de corrido, cuidado con los baches o baldes de la baldosa. O en forma zigzagueante. Las segundas variantes nunca se entieden. Elaborar la suya propia. Aconsejo uno y tres, dos y cuatro. Par e impar, par e impar. De cualquier forma algo leeran. También lo pueden enfrentar a un espejo y leer desde el fin todo para atrás.
A Natalia. Ante todo. Bajo sospecha. Cabe pensar. Con hidalguía. Contra intentos. De externos. Desde novedosos. En interrogativos. Entre filosóficos. Hacia rimbombantes. Hasta mediocres. Para desinteresados. Por principiantes. Según acontecieron. Sin sobresaltos. Sobre invariables. Tras continuar. Durante añares. Mediante reproches.

domingo, 30 de diciembre de 2007

Natalia, sus pasatiempos.

A quien no le gusta escapar de a ratos de la mismísima realidad. Dar un viaje por algún lugar no muy frecuentado con anterioridad o con buenas recomendaciones. Esta es una tarea casi obligada para ella y cuando puedo para mí también.
Todos somos encerrados por la ciudad (ya usaron la terminología presos) y entonces lograr irnos como un pingüino que rescatado de alguna pradera de la puna o de alguna pirámide con forma de estatua de la liviandad es devuelto a donde más le gusta. Los pantanos.
Natalia se hace. Y. Pasa tiempos muy acogedores en sus pasatiempos. Un destino obligado por ella misma (única persona a quien le hace caso) es el siguiente, ingredientes: cualquiera menos integral (un poco de sol), preferiblemente azul verdoso, para marrón esta el río (una pizca de mar), bien exprimido (una gota de aire), si se puede dos veces tamizado (abundante arena matizada) y algún que otro artefacto bien como una espátula o en su defecto un tenedor blando para decorar con mensaje a piachere del comensal mejor conocido. Alma.
Las cosas en esas zonas no tienen mucho sentido y para ella era el mejor sentido posible de conquistar. Sentarse frente al mar, ver las olas que jamás se repetirán, aunque el ojo parece siempre engañado como la primera sensación. Jugar a interpretar el mensaje del viento desleal y llegar hasta la noche para lograr adivinar a donde nacerá la primera estrella.
Es lógico y casi imposible despistar el recuerdo vago de la niñez. De los castillos con papá y los helados derretidos, un desperdicio. De las sacudidas de mamá para quitar la arena del cuerpo, parecía más interesada por la malla y la ceremonia del protector solar, nunca se quedaba quieta para ser bien esparcido. Del primer cigarrillo miedoso detrás del médano cómplice. De cuando la maldad se hizo presente en el hermano y la dejo enterrada por minutos que parecían inagotables. Ese fue precisamente el inicio de una fobia pasajera que creía su génesis en el entierro aunque con años de terapia llegaron a la conclusión (yo me perdí en el camino) que era claustrofobia anacrónica.
Yo con el tiempo y logrando terminar el camino comprendí que también surgía allí la incomprensible y asidua desaparición.
Empeñada y cabeza dura como pocas en la faz de la tierra Natalia se empecina en pasatiempos con algo parecido a la soledad. A Natalia se le esta pasando el tiempo como a todos los que queremos pasar y compartir con ella el nuestro. A Natalia se le pasa el tiempo como a todos nosotros, los ingobernables. Se pasa el tiempo. Natalia pasa tiempo. Natalia pasa. Natalia tiempo. Pasatiempos... pasa.... tiempo.

domingo, 5 de agosto de 2007

Natalia, sus julepes.

Si sueno machista, es problema de quien me lee. Las mujeres por lo general se asustan de casi todo, y por ende gritan. Si sueno feminista, es para quedar bien con las mujeres que me están leyendo. Los hombres por lo general se asustan cuando gritan fuerte y sacan una criatura de su vientre. Más porque no habían tenido un contacto de tono intimista y no interpretan que fueron vulgarmente burros.
Natalia es una mujer de armas dejar. Es decir, Natalia no sale a la calle, pide un café en un bar, agradece al mozo, espera que se aleje un poco, cruje sus dientes y aplaude dos veces para llamar la atención del mozo que se aleja con la bandeja como con una rueda de auxilio. Éste se acerca sonrojado pensando algo pornográfico y ésta le pide que traiga otro café porque esta frío. Jamás haría eso. Y no porque no deba, si te traen un café frío no lo aceptes. Es como aceptar una tortilla española con pedazos de estropajo o sopa condimentada con jabón en polvo.
Natalia no hace su reclamo justo por temor a que el mozo piense mal de ella. Así se queda sin tomar su coffe… sus malditos pudores. Cuando anden por bares y vean en las mesas pocillos de agua marrón sin movimiento y sin huellas de labios que hayan besado el borde de contención, fue por miedo a ser mal atendido en otra oportunidad o temor a que el nuevo café, (va a venir más caliente que lo convencional), tenga una sustancia insípida que traerá retorcijones fuleros.
Natalia tiene una pequeña libreta de color rosado, lo único que tiene rosado. El color que detesta. En la libreta, además de anotar fechas de cumpleaños y teléfonos que no le interesan, transcribe pesadillas. Una ayuda memoria que ahora llaman fósfo o vita. Dejando de lado las bromas pesadas de su amigo el obeso, como por ejemplo ranas de plástico en dormir de bolsas y más frecuentemente interrumpía la electricidad haciendo saltar los tapones para dejarla turbia. Hay un par de páginas impares. Realmente destacadas por sobre las demás, un poco obvio. La letra se muestra más grande que el resto y además se encuentran como remarcadas en sus trazos varias veces, más obvio.
Allí hay un solo fin que se puede sacar a grandes rasgos, miedo a la vejez.
En la pesadilla que se puede leer decía… Yo de niña salía con pequeños brincos de mi habitación para ir a jugar a la plaza con las nenas a la manzana en la hora de la siesta. Con mi elástico en las manos esperaba sentada en el descanso de mármol de la puerta de casa. El sol era agobiante en el verano argentino. La brisa de entonces parecía que venía de la ventana del infierno, la tierra que revoloteaba se pegaba a los poros de mi piel y me producía fiebre. Yo sedienta de algo fresco, entré por el camino anterior para tomar un vaso con líquido. Al volver de la cocina a la puerta, precisamente en el zaguán encontré una carta. Brillaba en el cemento dejándome ciega por instantes. “Es una mala pero que linda costumbre robar correspondencia, aunque no la robe, si el cartero no sabe leer la numeración no es mi problema”, se dijo divertido su cerebro sin exteriorizarlo. La casualidad había generado que no estuviera presente en el momento que el cartero dejara la carta. Me senté en el mármol de espera, que para mi fría alegría, parecía congelado. No pudiendo fingir su ingenuidad, miró el celeste pastel de arriba y agradeció no haber estado un ratito atrás apretujando el sobre con dedos emocionados entre su falda. Mis manos menos emocionadas se estiraron para agarrar el elástico que había quedado en mi sombra. Mi paso siguiente fue leer lo escrito. Mientras ella lee, yo les cuento que la carta estaba dirigida por una amiga de Natalia a otra amiga de la anterior nombrada. Una de ellas era la que iría a jugar a la plaza, la otra no podía salir por su baja presión por altura desmesurada. Sus aceitunas en la lectura se hicieron carozos de durazno con pupila con forma de interrogación.
La carta se titulaba: “Las pesadillas de nuestra amiga Natalia me tienen totalmente saturada porque no le encontré todavía un sentido a sus dichos y realmente exaspera que me las comente y sólo me habla de eso y no se su primo que me fascina, para mí que me tiene celos y no me quiere hacer gancho, ya me voy a vengar, ¿Vos me ayudas? Espero tu respuesta”. La emisora no había asistido a la clase de títulos cortos para cartas envenenadas de malos dichos. Una pena.
Mi psiquiatra recibido, (el no recibido es mi espejo, oyente de penas), me dio una clase del tema y su explicación fue contundente y reveladora. Para él las pesadillas son preocupaciones intensas y continuas. Es decir, los sueños son sueños y por eso aparecen desordenados y uno lo interpreta como quiere o conviene. La pesadilla es la pesadilla. Y ésta la sabes de principio a fin. No le agregas nada, no le sacas nada, solo pesa. Allí ella, Natalia, se veía vieja, sola, aburrida de vivir por no tener motivos. No se si les pasa pero uno siempre exagera, inventa o deforma la versión que soñó en un sueño y no el de una pesadilla.
Luego me veía desde la última fila del cine en la pantalla. Mi nacimiento, mi cuerpo violeta, el beso de papá en la frente de mi mami cuando me alzó la enfermera, un pedacito de mi cordón umbilical tirado al tacho, mi primer pesaje, mi primer llanto, mi primer diente, mi primer estornudo, la primera vez que use la pelela, mi bautismo, mis primeras Navidades, mi primer helado. Todo lo que no recordaba de mi infancia. Y así de un salto fugaz me vi egresar del secundario con el pelo espolvoreado de harina y chorreado de mostaza. Y pausa. Cambio de capitulo. Pantalla en negro. La imagen que apareció me dejo atónita. Yo estaba dentro del cuerpo de mi amiga que no me quería y que le mandaba cartas a mi otra amiga que me quería un poco. Desde el cuerpo ajeno apreciaba sin aprecio el entierro de Natalia, su entierro. Mejor dicho de su cuerpo, el alma es la persona. Me di cuenta que la vejez es la consagración del espíritu. Superándolo volví a mi y festejando mi cumpleaños, volviendo a la vida en la pesadilla y manteniéndola en un plano te tinte metafísico. Fue una terrible tragedia dentro de la victoria.
El despertador limpió la cera de su tímpano crepitando el descanso. Como un ovni voló hasta la flor que ríe con agua tibia de lluvia purificadora, todo para ir aceptable a su trabajo. Secándose el pelo y cepillando el alma, achinaba sus ojos pensando en la pesadilla. Sonrió tranquila, estaba nublado en el otoño.
Natalia vive hoy en día corriendo a su niñez, caminando serena su presente con algún buen tropezón y esquivando con un salto sin paracaídas a la muerte de la vejez en soledad.

viernes, 13 de julio de 2007

Natalia, sus colores.

Natalia tiene la gracia de no ser daltónica, sí sufre de miopía muy frecuente en los jóvenes aunque en realidad es hereditario. Sus padres son una pareja de miopes y para no perder la costumbre Natalia no se quiso quedar afuera sin verlo. Es por eso que debe y tiene que usar lentes para focalizar y descansar la vista a la hora de leer esto y escribir hasta la lista del supermercado.
A pesar de que parezca pesado usar los divergentes par ala lista de futuros alimentos adquiridos de forma honesta, esta cabeza dura que se está día a día pudriendo o humedeciendo con musgos ingleses, va con la lista un poco deforme por la visión sucia y así compra sin haber usado sus lentes. Llega a su casa y no malamente es catalogada por los otros miopes (aunque uno de ellos también con hipermetropía sin enterarse aún) con caras que le dicen, mala compradora.
No paso a contarles lo que compra porque no es mi intención escribir mal de la muchacha. Pero como mínimo ejemplo para que ustedes vean quiso comprar una vez, no muy lejana, un paquete de yerba sin palo y trajo pañales talle extra large, también sin palo. Gracias a jeús no tiene la fortuna o locura de hacerlo compulsivamente como ricachonas de casas aledañas sino no podrían deleitarse con ricos y dulcemente amargos pañales los cabecitas negras. Modestia apartándose se jacta de ser una gran cebadora… de mates de tiro largo, tan largo que compra extra large. Si la ven por Corrientes (avenida) o Bánfield (avineda) no le pille el matecito.
Otro grave problema o aptitud no muy apta es su inconveniente con los colores. ¿Qué le sucede con los colores? Tantas, tantisimas cosas. El caso más negativo para ver es que detesta algunos colores o no sabe combinarlos. Una vez con rabia de doga argentina sin pedigrí me dijo que para nada le agrada el color rosa, rosita, rosadito o rosa mosqueta. Encima en su familia la miope mayor, podríamos llamarla así por sus lentes de fondo de damajuana, se llama Tía Rosa, Rosita o con atino de bronca de su sobrina es nombrada a escondidas como Mosqueta, la tía ciega, chueca, pet… pel… per... versa esa era la tía vieja. En mi caso ya no me gusta mucho el celeste, celestito, celeste bandera o celeste mosquito. Esto no tiene un sentido claro, tal ves hayamos madurado (se forma una media luna en la boca que mira el cielo pero de sabor irónica), menos mal que está negro y no celeste o rosa.
Los colores tienen obviamente vida propia. Aunque nosotros juguemos con ellos a piachere propio de cada uno, ellos se pueden vengar y así ganar la publicada lucha metafísica. Los colores tiene vida y al tenerla tienen todo lo que nosotros tenemos en la nuestra. Es decir se aman, se pelean, se idealizan, se confiesan y nos sufren. Los artistas plásticos de contextura cartilaginosa y piel tibia tienen el poder y la sabiduría de manejar a los colores o mejor dicho de dejarse guiar sobre el lienzo.
Natalia no los sabe manejar y ella no entiende de ni siquiera los murmullos secretos de los susodichos. Es un grave inconveniente no saberlos combinar. Los colores tienen algo que nosotros… Sí, su inteligencia es tan superior a nosotros que siempre ellos eligen a sus enemigos o a los que no quieren tener muy cerca. Nosotros cosechamos enemistades lamentablemente sin casting previo. Tendríamos que instruirnos en la materia o sacar números en Enemy S.A.
Un día invitó a que la acompañen a tomar unos amargos y platicar de sus idiosincrasias a Blanca y Negro, una pareja de ya muchos años, que le contaron como actuar con sus familiares y/o conocidos. Blanca con su voz ronca le recomendó no tener en cuenta a algunos como por ejemplo el gris plomo o amarillo mufa para los artistas. Luego con la boca llena de pepas, dijo la verdad que estaba esperando. La sorprendió diciéndole que tiene que hacer algo muy importante para ver si la elección fue clara (referida a la mezcla de colores).
Primero vestirse con la combinación que le parezca más apropiada. Segundo pararse enfrente del espejo y animarse a ver lo que reflejaba. Tercero si sigue convencida tiene que pegar brincos con zapatos con suela de resortes. Si los colores se amalgaman bellamente es correcta la combinación. Si no se unifican naturalmente y se oye algún grito de alguno, que se olvide de lo que tiene puesto y se cambie la prenda que no se quiere mixturar y formar así el deseado efecto óptico.
Negrito como lo llamaban los amigos, no dijo muchas cosas relevantes. Solo agradeció los mates y se levanto de la silla, acarició el mantel con mano de obrero y se quedo en blanco. Solo pensaba en tomar su vaso de leche con canela y ver películas de guerra en el crepúsculo vespertino con el pijama. Para despedirse le dijo cariñosamente a blanca, negrita vamo pa casa. Blanca suspiró aplaudió tres veces la mano de Natalia que estaba al lado de la pava para calentar la mano y le sonrió asintiendo la partida.
Para despedirme y ser cortés, dijo el Negro, comento que el Dios de los colores, es decir el T-r-a-n-s-p-a-r-e-n-t-e, a sotto voce le sopló que en esta temporada invernal el color elegido como empleado del mes será el “Marrón”.

Natalia, sus cantos.

Esto en primera instancia puede llegar a tener un doble sentido, pero no es este el fin de las próximas líneas con letras. Natalia tiene como una de sus disciplinas predilectas entonar canciones o melodías sordas, mejor dicho ciegas. Su imaginación genera en ella hermosas composiciones improvisadas pero para no callar el encanto de ese momento se olvida por su frágil memoria lo cantado y el mundo se lo pierde. Lamentablemente se lo pierde.
Yo me pregunto ¿Porqué no perderemos escuchar las sirenas excesivas que apuran el tránsito, despiertan las bocinas de los demás automóviles y generan un tapar las orejas con bronca o los chillidos del subterráneo en las curvas muy curvadas o los truenos estrepitosos que hacen que la habitación con luz tenue se tiña de terror o los gritos en la madrugada del linyera del barrio al tener pesadillas o llantos en los colectivos de nenes malcriados e incansables o petardos explosivos en la tarde siguiente a la Navidad? En otro momento hablaremos de esto, quizás los escuchen y se acuerden de mí.
Natalia no canta por cantar no más. Canta por lo que se debería hacer en todas las ocasiones. Desahogar penas, ahogar personas. Hacer enamorar a la razón y la pasión. O alguna otra idea que ella no me ha balbuceado todavía. Natalia antes de cantar sus sonatas o inventarle melodías a mis poemas hace su ejercitación para despertar a las cuerdas vocales que deben dejar de bostezar para así cantar o en mi caso intentarlo.

Como dije antes canturrea para sacar a la luz (nunca canta a oscuras) sus sentimientos, sus momentos o sus… aquí nos pusimos a bucear y las burbujas que salían de su boca se rompieron pero calladas y no nado así el mensaje.
Hay siete formas claras, conocidas y estudiadas de entonar y hacer los ejercicios pertinentes. Pueden ser en Do, Re, Mi, Fa, Sol, La y Si (decir esto ya suena distinto a todo lo demás, si lo piensan lo acaban de cantar), también se puede hacer como lo leyeron algunos o cantaron los otros, pero empezando del Si nunca del no. Lo que no esta permitido ni por Chopin, Gancé, Debussy o algún entendido es variar o intercalar y así no hacer como se debe el ciclo de Do a Si o de Si a Do. A mí me gusta romper las reglas pero de madera o plástico verde, no de música.
Natalia no lo sabe y es por eso que lo escribo, cuando entona sus ejercicios manda mensajes invisibles a las musas (en invierno) y moscas y gorriones (en verano) que bailan con los sonidos a flor de aire, a veces los gorriones acompañan silbando.
Cuando entona el Do esta claramente cantando a las flores del dolor. Cuando entona el Re esta claramente cantando a las flores del rencor. Cuando entona el Mi esta claramente cantando a las flores del milagro. Cuando entona el Fa esta claramente cantando a las flores del fastidio. Cuando entona el Sol esta claramente cantando a las flores de la soledad y los días nublados a la simple clave de sol. Cuando entona el La esta claramente cantando a las flores del lamento. Cuando entona el Si esta claramente cantando a las flores del silencio. Shhh… Si la última flor permite que me oiga le digo por cierto que sus cantos son lindos.