sábado, 14 de abril de 2007

Guerra.

Es triste pero es la cruda realidad. La invasión fue sorpresiva hasta que uno se acostumbra e intenta convivir con la misma.
Los pequeños aviones negros, verdes y algún que otro camuflado no dan respiro alguno. El ruido en las noches es aterrador, despierta hasta los muertos. La sangre por momentos se detiene en el cuerpo y gotea por las venas. La desesperación que genera no se puede expresar en ninguna palabra, simplemente desesperación.
A cualquier lado que vayas te estarán esperando, no se puede escapar de ellos. Cuando los pequeños aviones se quedan sin combustible descienden de las alturas del techo y succionan todo el combustible del cuerpo que se haya rendido en su cama por las noches.
Uno dormido, se despierta, se desvela, insulta al aire porque fue atacado y comienza la intensiva búsqueda de alguno que se haya alejado de la cuadrilla para aniquilarlo. La guerra no debe ser contestada con sangre, pero este es un caso especial y por ello doy permiso a que respondan.
Les recomiendo que lo hagan de forma silenciosa, sino el resultado no sera favorable. Si logra tenerlo entregado, no dude, ejecute un golpe certero. Si lo destruye vaya a la cocina y busque un trapo para limpiar la gasolina que despidió el avión por su ataque.
Por último, no use repelente porque ahora les agrada y daña a quien lo oprime y no a quien reprime.

lunes, 9 de abril de 2007

La viuda.

Como todas las tardes Norma Toledo, la viuda de los colectivos, subía al 60. Antes de pisar el primer escalón, miró de reojo al chofer para ver si lo conocía. Viendo que no, lentamente separó las rodillas para emprender la escalada. Lo saludó gentilmente y le pidió el mínimo importe para el viaje. Cuando la máquina marcó los setenta y cinco centavos introdujo la moneda de un peso que siempre era falsa. La tragamonedas no la tragó y la escupió en todas las oportunidades.
Allí empezó a levantar la voz contra el banco que supuestamente le había dado la moneda falsa. Revoleando los ojos para que alguien se afligiera. Buscando en su pequeño monedero alguna moneda, pero da la casualidad que nunca tenía. Siempre un hombre se paraba de su asiento y le ofrecía una moneda. Ella se sonrojaba, le agradecía y lo seguía hasta donde estaba sentado.
Luego el hombre para demostrar que era más caballero aún, le extendía la mano indicándole el asiento. Pero ella decía que era demasiado, y lo dejaba sentarse. No era necesario, ya sabía que el viaje era gratis. Eso sí, no paraba un solo segundo de hablar con ese hombre que siempre era apetecible para ella. Le volvía a hablar mal del banco pero no podía mantener la mirada en los ojos ajenos.
El discurso que le proseguía siempre variaba dependiendo del clima. Si llovía hablaba de su padre, ya que era ingeniero agrónomo especializado en hidráulica, lo recordaba con tristeza en la cara. Ella le contaba que su padre había anunciado treinta años atrás que Entre Ríos algún día se inundaría y así dejaría de existir. Si el día era soleado se las agarraba con el presidente de turno, además de enfadarse por su alergia al febo.
En cambio si solo estaba nublado directamente no subía al colectivo, no tenía tema de conversación. Asfixiaba cada vez más su rosario de plástico color rosa y rezaba alguna plegaria para que comenzara a llover o se despejara por completo. Y cuando alguna de las dos posibilidades se lograba subía relajada para dar su sermón.
Norma es muy ágil para hablar y no le importa la opinión ajena. El hombre se perdía mirando por la ventana buscando la escapatoria más cercana. Ella sabía que eso siempre sucede y se hizo la que no tenía nada más que decir.
Sacó de su cartera marrón de piel de camello un libro que paradojicamente se llama Los manipuladores e intentó leer en las penumbras del viaje. Lo hizo con los ojos casi cerrados, se olvidó los lentes en la mesa de luz, como siempre. Se cansó y dejó de leer. Bostezó siete y a veces ocho veces y si en el viaje la empujaron no deja de mirar al joven atrevido.
Sus piernas son lo más destacable de su cuerpo, llevaba siempre polleras que permitían ver nada más los tobillos pálidos además de su bolsa de almacén con una manija de goma de menos, que solo contenía aire.
Tiene unos rulos muy apretados, llegarían a la cintura o más abajo si los matara, pero no pasan la pera. La viuda de los colectivos baja justo enfrente del Hospital Militar.
Como todos los días cruzó la avenida Luis María Campos y entró por la guardia. Subió una rampa de goma gris con pequeñas hendiduras y llegó al primer piso. Su marido era militar y había muerto en ese hospital. Hacía solo tres años de su muerte.
La viuda de los colectivos emprendió las tres vueltas que da todas las noches. Elige recordar el olor a las vísceras de la muerte que el aroma a vida que llevaba su marido. Salió solloza y se dirigió a la próximo parada del colectivo para regresar a su vivienda.
Antes de usar monedas falsas en los colectivos, la mismísima viuda del colectivo había sido la viuda del hospital.


domingo, 1 de abril de 2007

Las luces.

La noche era pesada, oscura como pocas veces se da. Parecía que se acercaba el afamado "diluvio universal", pero no. Nada mas alejado a eso.
El cielo era completamente negro pero no estaba encapotado, no se aproximaban tormentas, sino que en el cielo no había una sola estrella.
Estaba en un piso veintidós de un edificio en Buenos Aires y allí se podía contemplar más de cerca que en ningún otro lado. Las luces de los alrededores son la vaga excusa de los porteños para explicar algo inexplicable hasta este momento.
Las luces de todos los tamaños y colores imaginables, dependiendo de las mismas, se veían desde ahí. Si uno sacara una fotografía desde esas alturas podría demostrar para los que no tienen la posibilidad de apreciarlo, lo siguiente.
Las luces de las habitaciones sin gente de los edificios, las luces de los veladores para los niños que tienen miedo a la falta de la misma, las luces de los faroles que están acompañados de moscas, mosquitos y otros insectos que se juntan a bailar en las noches y las luces potentes de color rojo intenso para llamar la atención de los aviones y asustarlos.
Pero aquí va lo que ustedes están esperando. ¿Por qué no están las estrellas desde hace días en la ciudad? ¿Por qué con una noche tan digna y adorable no se deslumbra una mínima luz blanca de algún astro por lo menos?
La respuesta es fácil. Las estrellas no quieren salir porque están simplemente celosas y con toda razón.

domingo, 25 de marzo de 2007

Decidir a decidirse...

Todos de alguna u otra forma padecimos la terrible sensación de no tener decisión. No tiene sentido vivir con falta de decisión.
Esta se genera y manifiesta de diferentes formas.
Se puede generar por ejemplo por falta de amor propio, excesivo crecimiento del ego, no saber finiquitar una relación amorosa, o simplemente sentirse feo.
Se puede manifestar por ejemplo por transpirar cuando hace frió, tener hipo, no cortar bien los números de las panaderías para ser atendido o no tener rubrica para cuando se renueva el Documento de identidad.
La falte de decisión ajena es la que genera mi decisión de decir que me vuelvo intolerante.

viernes, 9 de marzo de 2007

TONTEZ.

Todos nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Para mí todos nacemos y morimos, crecemos y morimos, nos reproducimos y morimos y morimos cuando estamos muertos.

MALOS TIEMPOS MODERNOS.

Me tíldan de apático porque no entro en el oscuro circuito de la boba idea de algunos de pasarla bien.
Beber unas copas de más, emplear algunas sustancias prohibidas o dificil de conseguir o simplemente dejar de ser uno mismo para afrontar mejor o falsamente a cualquier situación que la vida pone delante de uno.
Todavía, reconozco que no viví lo suficiente. Es mas no se sí lo que viví lo viví de la mejor manera en la que podia hacerlo.
Pero lo hecho no lo echo de mi.

PENSAMIENTO NEGRO.

Mi mamá murió muy joven en comparación a una estadística que no debe ser muy agradable confeccionar. Por supuesto que no fue mi culpa, murió de cáncer, enfermedad que por el momento es indescifrable su antídoto.
El otro día tuve una rara sensación, pensado en sin saber que pensar me di cuenta que nunca había imaginado a mi mamá grande, avejentada, anciana.
Esto no tiene una una razón o mejor dicho una explicación certera. Lo único que ronda en mi cabeza, en estos días, es que tal vez mis pensamientos la mataron, porque yo no la visualice.
Ojala sea una locura de estos días y nunca nadie pase por esto mismo.